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    July 11

    Ojos azules

     

    Aqui os dejo un buen relato para las tediosas tardes de verano. Espero que lo disfruteis

    Ojos azules

         Llovía a cántaros. Llovía, pensó, como si el dios Tlaloc o la puta que lo parió hubieran roto las compuertas del cielo. Llovía mientras resonaban afuera los tambores, y los capitanes iban llegando cubiertos de hierro, sombríos, con las gotas de agua corriéndoles por los morriones y la cara y las cicatrices y las barbas. Llovía sobre Tenochtitlán, cubriendo la capital azteca de una noche húmeda; lágrimas siniestras que repiqueteaban en los charcos del patio del templo mayor, y disolvían en regueros pardos las manchas de sangre de la última matanza, la de centenares de indios mexicanos, cuando en plena fiesta el capitán Alvarado mandó cerrar las puertas y los hizo degollar, ris, ras, visto y no visto, hombres, mujeres y niños, por aquello de que al que madruga Dios lo ayuda, y más vale adelantarse que llegar tarde. Los he cogido en el introito, dijo luego Alvarado, cuando Cortés fue a echarle la bronca. Se me fue la mano, jefe, se disculpaba, huraño. Pero por lo bajini se reía, el animal. Los he cogido en el introito.

         Bum, bum, bum, bum. Apoyado en el portón, bajo la lluvia, el soldado de ojos azules reprimió un escalofrío mientras se ajustaba el peto y ceñía la espada. A su alrededor los compañeros se miraban unos a otros, inquietos. Al otro lado de los muros del palacio, afuera, los tambores llevaban sonando una eternidad. Bum, bum, bum, bum. Había toneladas de oro, pero ahora Moctezuma estaba muerto y se acababan las provisiones y todo se había ido al carajo. Bum, bum, bum, bum. También había miles y miles de mexicanos en la ciudad, alrededor, cubriendo las terrazas, llenando las piraguas de guerra en los canales y la calzada entre los puentes cortados. Mexicanos sedientos de venganza. Bum, bum, bum. Así todo el día y toda la noche, mientras en lo alto de los templos los sacerdotes alzaban los brazos al cielo y preparaban los sacrificios. Bum, bum, bum, bum. Aquello sonaba adentro, precisamente en el corazón, que los más cenizos ya imaginaban fuera del cuerpo, ensangrentado, abierto el pecho por el cuchillo de obsidiana. Bum, bum, bum. Menudo plan, pensó el soldado mirando las caras mortalmente pálidas de los otros. Venir desde Cáceres y Tordesillas y Luarca y Sangonera, que están lejos de cojones, para terminar abierto como un gorrino, con las asaduras hechas brochetas en lo alto de un templo, aquí donde Cristo dio las tres voces. Bum, bum, bum. Y además, de tanto oírlos, aquellos tambores habían adquirido un lenguaje propio. Si uno prestaba atención podía oír que decían: Teules malditos, perros, vais a morir todos hasta el último, y pagaréis el deshonor de nuestros ídolos, y vuestra sangre correrá por las aras y los escalones de los templos. Bum, bum, bum.

         Eso decían aquella noche, pensó estremeciéndose, los jodidos tambores de Tenochtitlán.

    Cortés, con cara de funeral, no se había ido por las ramas: tenían que romper el cerco. Dicho en claro, eso significaba Santiago y Cierra España, todos corriendo a Veracruz, y maricón el último. De modo que cargaron en caballos cojos y en ochenta indios aliados tlaxcaltecas la parte del oro que correspondía al rey, y luego dijo Cortés aquello de ahí queda el oro sobrante, más del que podemos salvar, y el que quiera que se sirva antes de darlo a los perros. De modo que los soldados de Pánfilo de Narváez, que habían llegado los últimos, se atiborraron de botín dentro del jubón y del peto, y bolsas atadas a la espalda, y anillos en cada dedo. Pero los veteranos que habían estado en Ceriñola y en sitios de Flandes e Italia y llevaban con Cortés desde el principio, y nunca se las habían visto como en el matadero de México, procuraban ir sueltos de cuerpo, sin mucho peso. Si acaso, como Bernal Díaz y algún otro, se embolsaron alguna joya pequeña, algún anillo de oro. Cosas que no les impidieran correr en una huida que iba a ser, eso lo sabían todos, de piernas para qué os quiero. Que no era bueno, como decía la mala bestia del capitán Alvarado, pasearse con los bolsillos llenos en noches toledanas como aquélla.

         Bum, bum, bum. Seguía lloviendo cuando abrieron las puertas y empezaron a salir en la oscuridad. Sandoval y Ordás en la vanguardia, con ciento cincuenta españoles y cuatrocientos tlaxcaltecas, con maderos paya reparar los puentes cortados. En el centro, Cortés, otros cincuenta españoles y quinientos tlaxcaltecas con la artillería y el quinto del tesoro correspondiente al rey. Después salieron los heridos, los rehenes, doña Marina y las otras mujeres, protegidos por treinta españoles y trescientos tlaxcaltecas, entremetidos entre los capitanes y la gente de Narváez. Y por fin, Alvarado y Velázquez de León en la retaguardia, con un grupo de los cien soldados más jóvenes que debían moverse a lo largo de la columna, acudiendo allí donde el peligro fuese mayor. Eso, en teoría. En la práctica no había más órdenes que andar ligeros, pelear como diablos y abrirse paso por los puentes y la calzada como fuera. A partir de cierto punto, cada uno cuidaría de su pellejo. Dirección: primero Tacuba y luego Veracruz.

         Eso, los que llegaran.

         Era el tumo de los últimos. Tiritando de frío bajo la lluvia, el soldado de los ojos azules terminó de atarse el saco de oro sobre el hombro izquierdo, se ajustó el barbuquejo del morrión, sacó la espada y echó a andar. El agua sobre los ojos lo cegaba, y la oscuridad le impedía ver dónde iba poniendo los pies. La columna se movía con ruido de pasos, oraciones, blasfemias, rumor metálico de armas y corazas. Iba a ser un largo camino, se dijo. Tacuba, Veracruz, Cuba, España. El peso del oro lo reconfortaba.

         Había venido muy lejos a buscarlo, había peleado y sufrido y visto morir a muchos camaradas por ese oro. Él tenía la certeza de que iba a salir con bien de aquélla; y a su regreso ya no tendría que arar la tierra ingrata en la que había nacido, seca y maldita de Dios, tierra de caínes esquilmado por reyes, curas, señores, funcionarios, recaudadores de impuestos y alguaciles; por sanguijuelas que vivían del sudor ajeno. Con aquel oro tendría para vivir bien y hacer una buena boda, para poseer su propia tierra y su propia casa. Para envejecer tranquilo, como un hidalgo, contándole a sus nietos cómo conquistó Tenochtitlán. Para morir anciano y honrado sin deber nada a nadie, porque hasta el último gramo de oro lo había ganado con su sangre, sus peligros, sus combates, su salud y su miedo.

         Sintió un hueco en el corazón, y antes de ser consciente de su pensamiento, supo que pensaba en ella. Los soldados que iban delante se habían parado, y allí, inmóvil bajo la lluvia, mientras esperaba a que la columna reanudara su marcha, recordó. Sólo era una india, se dijo. Sólo era una de esas indias. Las había a cientos, y ésta no tenía nada de particular.

         No era ni especialmente bonita ni especialmente nada. Pero él la encontró en el momento oportuno, al principio, cuando las relaciones de españoles y mexicanos aún eran buenas. Se la había tirado como lo que era: una perra pagana. Se la había tirado disfrutándola, con rudeza. Sin embargo, ella le cobró afición al teule barbudo de ojos azules; volvió un día tras otro, y él repetía hembra entre las bromas groseras de sus compañeros. Qué la das, decían socarrones. Aquella mexicana se le quedaba mirando los ojos y lo acariciaba hablando cosas extrañas en su lengua. Era muy joven y muy triste; no se reía nunca, como si viviera envuelta en un presentimiento. Un día, ella le dio a entender que estaba preñada, y él se lo contó a los otros y todos se rieron mucho. Luego se la calzó por última vez antes de echarla a patadas, a ella y al bastardo pagano que llevaba en la tripa. Sin embargo, a la segunda o tercera noche en que no volvió, se sintió extraño. Anduvo un par de días buscándola, sin admitirlo ni siquiera ante sí mismo. Pero no dio con ella. Por fin reconoció, aunque tarde, que añoraba su piel sumisa, y eltono quedo de su voz cuando lo acariciaba, y aquella mirada oscura que a veces fijaba en él, orgullosa y lúcida e inconquistable allá adentro; y experimentaba una indefinible nostalgia de algo que apenas había llegado aconocer. Pensaba en aquella india con un hueco raro en el corazón, igual que el que sentía esta noche. Un hueco cuya intensidad superaba, incluso, la del miedo.

         Porque el miedo ya era mucho. Los tambores habían acelerado su batir, y Tenochtitlán entera resonaba de trompetas y gritos de los mexicanos alertados: se van, los teules se van, acudid y atajadlos y que no quede uno con vida. Y de la noche surgían cientos y miles de guerreros que caían en turba sobre la columna, y la laguna y los canales se cubrían de canoas de indios vociferantes, y los pasos y los puentes se taponaban de caballerías muertas, y de fardos con oro abandonados, y de mexicanos armados y feroces tirando con lanzas y flechas y mazas. Resbalaban los caballos en la calzada mojada de lluvia y caían los hombres desventrados, gritando, a los canales, y avanzaban los españoles en la oscuridad, por los vados a medio llenar de los puentes, el agua por la cintura, lastrados por el peso del oro bajo el que se ahogaban muchos. Atrás, volvamos, gritaban algunos, corriendo a encerrarse de nuevo allí de donde ya no saldrían jamás. Otros apretaban los dientes y seguían entre la turba de indios, arremetiendo a cuchilladas, adelante, adelante, a Tacuba y Veracruz o al infierno esta noche; y Cortés y los que iban a caballo se alejaban ya a salvo picando espuelas con la vanguardia, dejando muy atrás los puentes y a los que iban a pie, dejando atrás a esa retaguardia sumergida bajo miles de mexicanos sedientos de venganza, a la retaguardia que ya no era sino un desorden de hombres luchando a la desesperada por abrirse paso, gritos por todas partes, gritos de los hombres que clavaban las espadas ensangrentadas, gritos de los heridos y agonizantes, gritos de los mexicanos que caían con valor inaudito sobre los soldados rebozados de hierro, sangre y fango de los canales, gritos de los españoles apresados a quienes cortaban los tendones de los pies para que no escapasen, antes de arrastrarlos vivos hasta las pirámides de los templos, donde los sacerdotes no daban abasto y la sangre corría en regueros espesos bajo la lluvia. 

     

         El soldado de los ojos azules peleó con bravura, a la desesperada, chapoteando en el barro, abriéndose paso a estocadas. El saco de oro le pesaba en el hombro pero no quiso dejarlo. Había ido muy lejos a buscarlo, y no pensaba regresar sin él. Avanzaba con un grupo de compañeros, batiéndose todos como perros salvajes, matando y matando sin tregua, y de vez en cuando alguno de ellos caía o era arrancado por las manos de los mexicanos y se oían sus gritos mientras se lo llevaban. La noche era cada vez más negra y turbia de bruma y lluvia, y en lo alto de los templos las antorchas ardían iluminando siluetas que se debatían en lo alto de los peldaños rojos, y los cuchillos de obsidiana bajaban y subían sin descanso, y seguían sonando los tambores. Bum, bum, bum, bum. Pero el soldado de los ojos azules ya no oía los tambores porque su corazón latía aún más fuerte en su pecho y en sus tímpanos. Las piernas se le hundían en el barro y el brazo le dolía de matar. Una piragua vomitó más guerreros aullantes que se abalanzaron sobre el grupo, y éste se deshizo, y se oyó la voz del capitán Alvarado diciendo corred, corred que ya no queda nadie detrás, corred cuanto podáis y que cada perro se lama su badajo. Y luego todo fue una carnicería espesa, tunc, y cling, y chas, carne desgarrada y golpes de maza y tajos de espadas, y el soldado oyó más gritos de españoles que morían o pedían clemencia mientras los arrastraban hacia los templos, y se dijo: yo no. El hijo de mi madre no va a terminar de ese modo. Llegaré a Veracruz y a Cuba y a España, y compraré esa tierra que me espera, y envejeceré contando mil veces cómo fue esta asquerosa noche. El oro le pesaba cada vez más y lo hundía en el barro, pero no quiso dejarlo, no lo dejaré nunca, he pagado por cada onza, y sigo pagando.

         Vio ante sí unos ojos oscuros como los de aquella india en la que pensaba a trechos, pero éstos venían llenos de odio y la mano que se alzaba ante él enarbolaba una maza. Se abrazó al mexicano, un guerrero águila pequeño y valiente, y abrazados rodaron por el fango, golpeando el otro, acuchillando él. Tajó en corto con la daga, porque había perdido la espada. Sácame de aquí, Dios, sácame de aquí, Dios de los cojones, sácame vivo, maldito seas, sácame y la mitad de este oro la emplearé en misas, y en tus condenados curas, y en lo que te salga de los huevos. Llévame vivo a Veracruz. Llévame vivo a Tacuba. Llévame vivo aunque sólo sea hasta el próximo puente, que ya me las apañaré yo luego.

         Siguió adelante, y ya ningún otro español iba a su lado. Soy el último, pensó. Soy el último de nosotros en este puñetero sitio. Soy la retaguardia de una vanguardia que ya está a una legua de aquí. Soy la retaguardia de Cortés y de su puta madre, y este oro me pesa tanto que ya no puedo caminar. Estaba cubierto de barro y de agua y de sangre suya y mexicana, y los pies se negaban a moverse, y el brazo le dolía de tanto acuchillar. Estaba ronco de dar gritos y le ardían los pulmones y la cabeza; pero el hueco del corazón seguía allí, y no podía dejar de pensar en ella.

         Estará en alguna parte de esta ciudad con su bastardo en la tripa, mirando lo que pasa. Mirando cómo a los teules nos hacen filetes. Igual hasta piensa en mi. Igual se pregunta si he logrado pasar. Igual hasta siente que me vaya.

         Más indios. Ahora ya no intentó escapar. Carecía de fuerzas, así que acuchilló resignado, una y otra vez, cuando la turba le cayó encima dando alaridos. Acuchilló a tajos con una mano sobre el saco de oro y la daga en la otra hasta que sintió un golpe en la cabeza, y luego otro, y otro, y varias manos lo sujetaron, y aún intentó clavarles la daga hasta que comprendió que ya no la tenía. Entonces le arrancaron el saco de oro y se lo llevaron por la calzada bajo la lluvia, a la carrera, arrastrando los pies por el suelo, hacia una de las pirámides cuyos escalones brillaban rojos a la luz de las antorchas en las que crepitaba la lluvia. Y gritó, claro. Gritó cuanto pudo, desesperado, de forma muy larga, muy angustiada, a medida que lo iban subiendo a rastras pirámide arriba. Gritó de pavor ante la multitud de rostros que lo miraba, y de pronto dejó de gritar porque la había visto a ella. La había visto allí, entre la gente, observándolo fijamente con aquellos ojos grandes y oscuros. Lo miraba como si quisiera retenerlo en su memoria para siempre; y él apenas tuvo tiempo de verla un instante, porque siguieron arrastrándolo hasta el altar ensangrentado, que rodeaban cadáveres de españoles con las entrañas abiertas. Ahora oía otra vez los tambores.

         Bum, bum, bum. Tiene huevos acabar así, pensó. Bum, bum, bum. Es un lugar extraño, y nunca imaginé que fuese de esta manera.

         Sintió cómo lo levantaban en vilo, tumbándolo boca arriba sobre el altar mojado que olía a sangre fresca, a vómitos de miedo, a vísceras abiertas.

           Le quitaron el peto, el jubón y la camisa. Sentía un terror atroz, pero se mordió la lengua para no gritar, porque ella estaba allí, alrededor, en alguna parte, y él sabía que seguía mirándolo. Varias manos le inmovilizaron brazos y piernas. Quiso rezar, pero no recordaba una sola palabra de maldita oración alguna. Tenía los ojos desorbitados, muy abiertos a la lluvia que le caía en la cara, y de ese modo vio el cuchillo de obsidiana alzarse y caer sobre su pecho, con un crujido. Y en el último segundo, antes de que la noche se cerrara en sus ojos, aún pudo ver latir en alto, entre las manos del sacerdote, su propio corazón ensangrentado.

         Ojalá, pensó, mi hijo tenga los ojos azules.

            Arturo Pérez-Reverte.

    July 05

    Los buques suicidantes

    Capitulo I. Cuentos de navegantes

     

    LOS BUQUES SUICIDANTES (Horacio Quiroga)

     Resulta que hay pocas cosas más terribles que encontrar en el mar un buque abandonado. Si de día el peligro es menor, de noche el buque no se ve ni hay advertencia posible: el choque se lleva a uno y otro.

    Estos buques abandonados por h o por b, navegan obstinadamente a favor de las corrientes o del viento; si tienen las velas desplegadas recorren así los mares, cambiando caprichosamente de rumbo.

    No pocos de los vapores que un buen día no llegaron a puerto, han tropezado en su camino con uno de estos buques silenciosos que viajan por su cuenta. Siempre hay probabilidad de hallarlos, a cada minuto. Por ventura las corrientes suelen enredarlos en los mares de sargazo.  Los buques se detienen, por fin, aquí o allá, inmóviles para siempre en ese desierto de algas.  Así, hasta que poco a poco se van deshaciendo.  Pero otros llegan cada día, ocupan su lugar en silencio, de modo que el tranquilo y lúgubre puerto siempre está frecuentado.

    El principal motivo de estos abandonos de buque son sin duda las tempestades y los incendios que dejan a la deriva negros esqueletos errantes.

    Pero hay otras causas singulares entre las que se puede incluir lo acaecido al María Margarita, que zarpó de Nueva York el 24 de agosto de 1903, y que el 26 de mañana se puso al habla con una corbeta, sin acusar novedad alguna. Cuatro horas más tarde, un paquete, no obteniendo respuesta, desprendió una chalupa que abordó al María Margarita.  En el buque no había nadie.  Las camisetas de los marineros se secaban a proa. La cocina estaba prendida aún. Una máquina de coser tenía la aguja suspendida sobre la costura, como si hubiera sido dejada un momento antes.  No había la menor señal de lucha ni de pánico, todo en perfecto orden.  Y faltaban todos.  ¿Qué pasó?

    La noche que aprendí esto estábamos reunidos en el puente.  Ibamos a Europa, y el capitán nos contaba su historia marina, perfectamente cierta, por otro lado.

    La concurrencia femenina, ganada por la sugestión del oleaje susurrante, oía estremecida.  Las chicas nerviosas prestaban sin querer inquieto oído a la ronca voz de los marineros en proa.  Una señora muy joven y recién casada se atrevió: –¿No serán águilas...?

    El capitán se sonrió bondadosamente: –¿Qué, señora?  ¿Águilas que se lleven a la tripulación?

    Todos se rieron, y la joven hizo lo mismo, un poco cortada.

    Felizmente un pasajero sabía algo de eso.  Lo miramos curiosamente.

    Durante el viaje había sido un excelente compañero, admirando por su cuenta y riesgo, y hablando poco.

    –¡Ah!  ¡Si nos contara, señor! –suplicó la joven de las águilas.

    –No tengo inconveniente –asintió el discreto individuo–. En dos palabras: en los mares del norte, como el María Margarita del capitán, encontramos una vez un barco a vela.  Nuestro rumbo –viajábamos también a vela–, nos llevó casi a su lado.  El singular aire de abandono que no engaña en un buque llamó nuestra atención, y disminuimos la marcha observándolo.  Al fin desprendimos una chalupa; a bordo no se halló a nadie, todo estaba también en perfecto orden.  Pero la última anotación del diario databa de cuatro días atrás, de modo que no sentimos mayor impresión.  Aun nos reímos un poco de las famosas desapariciones súbitas.  Ocho de nuestros hombres quedaron a bordo para el gobierno del nuevo buque.  Viajaríamos en conserva.  Al anochecer aquél nos tomó un poco de camino.  Al día siguiente lo alcanzamos, pero no vimos a nadie sobre el puente.  Desprendióse de nuevo la chalupa, y los que fueron recorrieron en vano el buque: todos habían desaparecido.  Ni un objeto fuera de su lugar.  El mar estaba absolutamente terso en toda su extensión.  En la cocina hervía aún una olla con papas.

    Como ustedes comprenderán, el terror supersticioso de nuestra gente llegó a su colmo.  A la larga, seis se animaron a llenar el vacío, y yo fui con ellos.  Apenas a bordo, mis nuevos compañeros se decidieron a beber para desterrar toda preocupación.  Estaban sentados en rueda, y a la hora la mayoría cantaba ya.

    Llegó mediodía y pasó la siesta.  A las cuatro, la brisa cesó y las velas cayeron. Un marinero se acercó a la borda y miró el mar aceitoso.  Todos se habían levantado, paseándose, sin ganas ya de hablar.  Uno se sentó en un cabo arrollado y se sacó la camiseta para remendarla.  Cosió un rato en silencio.  De pronto se levantó y lanzó un largo silbido.  Sus compañeros se volvieron.  Él los miró vagamente, sorprendido también, y se sentó de nuevo.  Un momento después dejó la camiseta en el rollo, avanzó a la borda y se tiró al agua.  Al sentir ruido, los otros dieron vuelta la cabeza, con el ceño ligeramente fruncido.  Pero enseguida parecieron olvidarse del incidente, volviendo a la apatía común.

    Al rato otro se desperezó, restregóse los ojos caminando, y se tiró al agua.  Pasó media hora; el sol iba cayendo.  Sentí de pronto que me tocaban en el hombro.

    –¿Qué hora es?

    –Las cinco –respondí. El viejo marinero que me había hecho la pregunta me miró desconfiado, con las manos en los bolsillos.  Miró largo rato mi pantalón, distraído.  Al fin se tiró al agua.

    Los tres que quedaban, se acercaron rápidamente y observaron el remolino.  Se sentaron en la borda, silbando despacio, con la vista perdida a lo lejos.  Uno se bajó y se tendió en el puente, cansado.  Los otros desaparecieron uno tras otro.  A las seis, el último de todos se levantó, se compuso la ropa, apartóse el pelo de la frente, caminó con sueño aún, y se tiró al agua.  Entonces quedé solo, mirando como un idiota el mar desierto.  Todos sin saber lo que hacían, se habían arrojado al mar, envueltos en el sonambulismo moroso que flotaba en el buque.

    Cuando uno se tiraba al agua, los otros se volvían momentáneamente preocupados, como si recordaran algo, para olvidarse enseguida.  Así habían desaparecido todos, y supongo que lo mismo los del día anterior, y los otros y los de los demás buques.  Esto es todo.

    Nos quedamos mirando al raro hombre con explicable curiosidad.

    –¿Y usted no sintió nada? –le pregunté

    – Sí; un gran desgano y obstinación de las mismas ideas, pero nada más.  No sé por qué no sentí nada más.  Presumo que el motivo es éste: en vez de agotarme en una defensa angustiosa y a toda costa contra lo que sentía, como deben de haber hecho todos, y aún los marineros sin darse cuenta, acepté sencillamente esa muerte hipnótica, como si estuviese anulado ya.  Algo muy semejante ha pasado sin duda a los centinelas de aquella guardia célebre, que noche a noche se ahorcaban.

    Como el comentario era bastante complicado, nadie respondió.  Poco después el narrador se retiraba a su camarote.  El capitán lo siguió un rato de reojo.

    –¡Farsante! –murmuró.

    –Al contrario –dijo un pasajero enfermo, que iba a morir a su tierra–.  Si fuera farsante no habría dejado de pensar en eso, y se hubiera tirado también al agua.

    July 03

    Cuentos de Navegantes

    ¡NO OS LO PERDAIS!

    Meciéndonos por el suave oleaje, fondeados o amarrados a puerto nos aguardan los cuentos de este emocionante libro publicado por alfaguara. Las antologías son en sí mismas creaciones, pues el acto de elegir equivale casi al acto de crear, sobre todo en la selección de cuentos sobre una temática concreta, en este caso marinera: "Cuentos de navegantes" son breves narraciones tomadas de la literatura universal en torno a viajes náuticos o circunvalaciones, atracos en alta mar, buques, viajes fantasmas y naufragios... Personalmente, os la recomiendo.

     

    Prólogo

    Sobre barcos, marinos y libros

         Desde que accedí al privilegio de viajar en un velero propio, con el que suelo moverme por el Mediterráneo —navegar por ese mar venerable es hacerlo por la propia memoria—, cuando subo a bordo sólo llevo libros relacionados con la navegación: novela, ensayo marítimo, historia naval, exploracioneso maniobra. Desde las series marineras de Patrick O’Brian, Forester o Kent a Ferdinand Braudel, pasando por los grandes nombres, Conrad, Melville y compañía, las memorias del capitán Alonso de Contreras, la

    Naval Chronicle o las relaciones de las campañas navales napoleónicas La cacería de Alejandro Paternain, la Odisea, el periplo del cartaginés Hannón o El cazador de Barcos de Justin Scott, eso incluye todo cuanto sobre el mar se ha escrito y llega a caer en mis manos. Cualquier otro libro está proscrito a bordo, y en caso de ser descubierto como polizón es pasado en el acto por la quilla. Las tradiciones son las tradiciones, aunque sea uno mismo quien se las invente; y en el mar, mucho más que en tierra firme. Fue así como Kanaka, novela marítima de Juan Bautista Duizeide, plenamente ortodoxa en cuanto a materia narrativa, me hizo oportuna y buena compañía en cierta ocasión, durante un recorrido otoñal entre la costa española y las islas Eólicas, donde el Strómboli, rumbo a Nápoles. La lectura fue grata, el viaje no tuvo más vientos equivalentes o superiores a fuerza siete que los inevitables en esa época del año, y llegué a la última página con la melancolía de quien se despide de un viejo amigo, justo cuando me hallaba en lugar tan añejamente literario como el que los antiguos navegantes situaban, con respetuoso temor, entre Scylla y Caribdis; y donde hoy, bajo el más prosaico nombre de estrecho de Messina, el principal peligro para el marino no es ya la furia de los elementos o la cólera de los dioses, sino los ferrys que, a veinte nudos de velocidad, cruzan a cada momento entre Sicilia y la península italiana.

         Contraje durante aquellos días, de isla en isla y de volcán en volcán, una deuda de gratitud con Juan Bautista Duizeide. Y dedicar unas pocas líneas a la presentación de esta antología, Cuentos de navegantes, es una forma de poner, al menos en parte, las cosas en su sitio. Para ser del todo consecuente, la lectura de las páginas de pruebas, que me envió a España su editor y el mío en la Argentina, mi amigo Fernando Esteves, también la hice a bordo; esta vez no entre singladura y singladura italiana, sino fondeado durante la pasada Semana Santa en Ibiza, islas Baleares, al socaire de un temporal de Levante que hacía imposible asomar la proa fuera de la cala donde había echado dos anclas engalgadas, sintiéndome muy aliviado de poder hacerlo, en seis metros de sonda con cincuenta y cinco de cadena —que era, en realidad, cuanta cadena llevaba a bordo—. Tuve así tiempo, durante aquellos tres días sin otra ocupación que vigilar no garrease el fondeo, de leer despacio cuanto en este volumen, ahora en manos del lector y ya editado como Dios manda, viene a continuación. Y tal vez sea que me ciega la pasión, o la afición, o como diablos se considere el asunto náutico; pero lo cierto es que permanecí atornillado —trincado, diría un marino— a sus páginas, entre otras cosas porque más de la mitad de estas historias breves, incluso los dos tercios, si ceñimos mucho el viento, me eran completamente desconocidas. Así que las cosas se han complicado por mi parte con el antólogo responsable del asunto: ocuparme de leer y prologar modestamente esos relatos no sólo no equilibra mi deuda con él, sino que la incrementa. El trabajo de rastreo y selección resulta oportuno e impecable, y su resultado es de una belleza que sabrán apreciar tanto los lectores aficionados al mar como los que se conforman —cada cual tiene sus gustos, y en materia de gustos no me meto— con mantener asentados los pies en una tierra firme que, lamento ser aguafiestas, no es en realidad tan firme como parece. Me encanta, por cierto, el detalle de registrar casi notarialmente, negro sobre blanco, que los escritores anglosajones no tienen, pese a la tradición y a una fama por otra parte merecidísima, el monopolio de la buena literatura escrita sobre el mar. Los textos de Maupassant, de Schwob o del entrañable Pierre Mac Orlan demuestran que también en otras lenguas hubo y hay mucho que decir al respecto. En cuanto al idioma extraordinario, bellísimo, que hablan cuatrocientos cincuenta millones de personas en España y América, también se encuentra aquí dignamente representado: Arlt, Borges, Mutis, Coloane, García Márquez, Quiroga y otros. Que se dice pronto. No están todos los autores ni todos los relatos navales que merecen estar, por supuesto; pero ésta es sólo una antología —decir limitada sería una redundancia—, y a ese efecto resulta objetivo cumplido y más que suficiente. O a mí me lo parece.

         Por todo eso, envidio la oportunidad que se ofrece al lector de este volumen de enfrentarse por primera vez, si es que las desconoce, a las historias que le aguardan amarradas, fondeadas, navegando, al garete o en las profundidades del mar, en cada una de estas líneas y en cada una de estas páginas: el enamorado que se embarca para olvidar, el thriller náutico, la capitana pirata, la Tierra del Fuego, la Patagonia chilena, el ansia de partir, el naufragio, el Río de la Plata, el mercante desaparecido, el buque fantasma, la lucha con el mar, la víspera del día D, el encuentro inquietante, el submarino, el puerto, la dama misteriosa, el gaviero, el diálogo filosóficohumorístico entre el capitán y el oficial de un buque a punto de hundirse... Mar y marinos, peripecias, aventuras, reflexiones, vida y muerte en los escenarios sobre los que el hombre navega y escribe desde que existe su memoria. Una forma estupenda de adentrarse en la vasta, inmensa geografía de la literatura naval. Así que, si aceptan un humilde consejo, busquen el lugar adecuado: un sillón cómodo, un hueco en la arena de la playa, un banco frente al mar, la cubierta de un barco, un puerto, la orilla de un río, el lugar del autobús donde, inclinados sobre las páginas de un libro, nadie puede arrebatarnos los sueños. Suban a bordo, lean y naveguen, si gustan. Como decían los viejos corsarios, lesdeseo buen viento y buena caza.

    A

    RTURO PÉREZ-REVERTE

    De la Real Academia Española

    May 27

    Blas de Lezo

     

    ¿Que puede haber mas placentero en una tarde de lluvia primaveral, acompañado de un fondo musical del Gato Barbieri, un te y un paquete de cigarrillos?...

    Pues, todo eso aderezado con una buena lectura. ¿A que si?

    Y si es histórica mejor. Y si en ella el perro ingles sale mal parado… pues  mas mejor. Y como yo me lo estoy pasando pipa. Me gustaría hacer participe de la misma a aquel que guste de conocer hechos olvidados o enmascarados por la historia sobre personajes dignos de cualquier superproducción americana o anglosajona.

     

     

     

       La derrota de la Armada Inglesa en Cartagena de Indias en el siglo XVIII es un acontecimiento silenciado en la historia inglesa y desconcocido para la gran mayoría de españoles. La Historia está hecha de muchas mentiras, silencios y exageraciones y ésta página gloriosa de la época colonial está injustamente olvidada por el saber popular español y merece la pena contribuir a su difusión. 

    En Octubre de 1739 Inglaterra declara a España la guerra de la oreja de Jenkins y planea tomar la ciudad donde confluyen las riquezas de las colonias españolas, Cartagena de Indias (Colombia), dominar el comercio en el Caribe y, en una operación combinada con las fuerzas del Comodoro Anson que con el navio Septrentión y dos buques menores acosaba las colonias del Pacifico Sur, aniquilar el imperio español en América.

     Aunque el origen de la guerra fue la rivalidad comercial entre las dos potencias, la causa inmediata de la conflagración fue un incidente cerca de la costa de Florida cuando el capitán de un guardacostas español, Juan León Fandiño, interceptó el Rebbeca al mando de Robert Jenkins y le hizo cortar a éste una oreja; después de lo cual le liberó con este insolente mensaje: "Ve y dile a tu Rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve". Este suceso enardeció a la opinión pública inglesa y dió lugar a que su Gobierno, presidido por su Primer Ministro Mr. Walpole, declarara la guerra a España presionado por comerciantes de la City que apetecían la conquista de nuevos mercados.

     

                                                                El 13 de Marzo de 1741 apareció por "Punta Canoa", poniendo en vilo la ciudad de Cartagena, la mayor flota de guerra que jamás surcara los mares hasta el desembarco de Normandía: 2000 cañones dispuestos en 186 barcos, entre navíos de guerra, fragatas, brulotes y buques de transporte. La flota, muy superior a la Invencible de Felipe II que sólo disponía de 126 navíos, está dirigida por el almirante Sir Edward Vernon y transporta 23.600 combatientes entre marinos, soldados y esclavos negros macheteros de Jamaica. En la expedición vienen 4.000 reclutas de Virginia bajo las órdenes de Lawrence Washington, medio hermano del futuro libertador George.

     

    Las defensas de Cartagena no pasaban, en cambio, de 3.000 hombres entre tropa regular, milicianos, 600 indios flecheros traídos del interior más la marinería y tropa de desembarco de los seis únicos navíos de guerra de los que dispone la ciudad: el Galicia que era la nave Capitana, el San Felipe, el San Carlos, el Africa, el Dragón y el Conquistador. 

    Este pequeño contingente está dirigido por hombres decididos a defenderse hasta morir: el Virrey Sebastián de Eslava, Teniente General de los Reales Ejercitos con larga experiencia militar, y bajo su mando, pero en el mar, el celebre General de la Armada D. Blas de Lezo,

     

                                                                                  Lobo de mar que ya ha participado en 22 batallas y expediciones navales perdiendo la pierna y el ojo izquierdo en Málaga y Toulon y quedándole lisiada la mano derecha en Barcelona. Seguían en la jerarquía el Mariscal de Campo D. Melchor de Navarrete, Gobernador de la ciudad, a cuyo cargo quedó la parte administrativa y el abastecimiento de víveres, y el Coronel D. Carlos Des Naux, Ingeniero militar y Director de obras de fortificación, quien actuó primero como Castellano del Castillo de San Luis de Bocachica y luego como Castellano de San Felipe de Barajas. Aunque con algunas discrepancias de criterio en materia estratégica entre Blas de Lezo y el Virrey los cuatro hombres lograron por fin unificar su acción baja la dirección de Eslava y resistir a pie firme el embate inglés.

     

       

    Años antes Vernon   ya había merodeado dos veces Cartagena, y trazando círculos de buitre se había presentado frente a la bahía, pero Lezo lo había puesto en fuga con maestría de consumado marino. En la primera ocasión cerró el puerto con cadenas y situó sus buques en Bocachica para que los ingleses no pudieran entrar sin batirse con ellos e instaló en tierra un grueso cañón de 18 libras de su nave capitana lo que sorprendió al enemigo al contestar con artillería por un lado de la ciudad que consideraban desguarnecido. En la segunda dispuso sus naves de manera que con su fuego se encerrará a los navios ingleses dentro del campo de tiro largo y corto, los cuales de nuevo sorprendidos abandonaron la zona.

    Ahora Vernon, envalentonado tras una acción de rapiña en la mal defendida ciudad de Portobelo (Pánama), vuelve con efectivos considerables y escribe a Lezo cartas desafiantes. Éste, como buen vasco, es tozudo y quisquilloso en cuestiones de honor: 'Hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera Usted insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía..."

    Vernon despliega la flota bloqueando la entrada al puerto, y tras silenciar las baterías de "Chamba", "San Felipe" y "Santiago" desembarca tropas y artillería. Es tan impresionante el despliegue de barcos en el horizonte que algunos vecinos consideran la situación perdida y procuran ponerse a salvo. Vernon ordena un cañoneo incesante que durará 16 días y noches al castillo de San Luis de Bocachica con un promedio de "62 grandes disparos por hora". El castillo está defendido por 500 hombres al mando de Coronel Des Naux. Por su parte Lezo coloca cuatro de sus navíos, el Galicia, el San Felipe, el San Carlos y el Africa del lado interior de la bahía y en las proximidades del Castillo para apoyarlo con sus cañones. Aunque la defensa de Bocachica fue heroica con Lezo y Des Naux peleando en primera fila los defensores han de evacuarlo ante la abrumadora superioridad enemiga. Lezo hace barrenar e incendiar sus buques para obstruir el canal navegable de Bocachica, cosa que consigue parcialmente ya que el Galicia no coge fuego a tiempo. Sin embargo, se ha logrado retrasar el avance inglés de forma considerable y ello favorecerá el desarrollo de epidemias entre los asaltantes.


    Los defensores optaron por replegarse totalmente a la Fortaleza de San Felipe de Barajas,  

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    otivo por el cual ni siquiera intentaron la resistencia en el Castillo de Bocagrande. Y muy contra la voluntad de Lezo, que trató de evitarlo hasta el fin pero se vió obligado por disciplina, se hundieron los dos únicos navíos que quedaban, el Dragón y el Conquistador, con el ilusorio objeto de impedir la navegación por el canal de Bocagrande. Pero al igual que en Bocachica, el sacrificio resultó en vano pues los ingleses remolcaron el casco de uno de ellos para restablecer el paso y desembarcaron en las islas de Manga y Gracia dejando a un lado el Fuerte de Manzanillo. Hecho lo cual, un regimiento de colonos norteamericanos al mando de Lawrence Washington tomaron la colina de la Popa próxima ya a San Felipe de Barajas y que había sido abandonada por los españoles.

    Vernon entró entonces triunfante en la bahía con su buque Almirante con las banderas desplegadas y el estandarte de General en Jefe escoltado por dos fragatas y un paquebote, y dando la batalla por ganada despachó un correo a Jamaica e Inglaterra con tan fausta noticia. Tras ello ordena el desembarco masivo de artilleria y cañonear el Castillo de San Felipe desde mar y tierra con el fin de ablandar la resistencia final.
    La defensa está formada por sólo 600 hombres bajo el mando de Lezo y Des Naux. Éste ya había resistido en Bocachica e iba a batirse de nuevo contra el empuje inglés hacia la fortaleza de San Felipe.

    La defensa fue numantina y la batalla violenta. Al fin Vernon resuelve que la infantería tomará fácilmente la fortaleza pues se encuentra con daños considerables. La noche del 19 al 20 de abril se dan los hechos decisivos, los atacantes al mando del General Woork avanzan entre sombras en tres columnas de granaderos y varías compañías de soldados, además de los esclavos macheteros jamaicanos que van en vanguardía. Su progresión es lenta por el pesado equipo de guerra que transportan y por el fuego de fusilería desde las trincheras y lo alto de la fortaleza. El avance se frena ante las murallas ya que por imprevisión la longitud de las escalas para salvar el foso resultan cortas y los atacantes quedan aturdidos al no disponer de fajinas y materiales para facilitar la aproximación al fuerte. Los defensores arrecian en su fuego nutrido y certero desde lo alto, lo que origina una mortalidad espantosa.

    Al alba un macabro espectáculo de muertos, mutilados y heridos vagando como espectros aparece alrededor de San Felipe haciendo evidente la hecatombe inglesa.

                                                                             La salida de los españoles que cargan a bayoneta calada provoca la huida desordenada de los asaltantes que pierden cientos de hombres y todos sus pertrechos.

    El bombardeó inglés prosigue desde el mar 30 días más sin un objetivo claro, pero el cólera y el escorbuto comienzan a provocar decenas de muertos que flotan en la bahía lo que hace la situación desesperada.
    Vernon, altivo y malgeniado, recrimina al parsimonioso General Wentworth, Jefe Supremo de las tropas de desembarco, por el ignominioso fracaso y las desavenencias llegan a un punto insostenible. Al fin el Alto Mando inglés ordena la retirada, lo que se realiza de forma lenta y sin cesar de cañonear la ciudad hasta que "no quedó ninguna vela inglesa". Los últimos veleros parten el 20 de Mayo, pero los ingleses han de incendiar cinco de ellos por falta de tripulación. En el regreso a Jamaica hunden otro y cada barco parece un hospital.

    Mientras en Inglaterra se supone como cierta la victoria con arrogancia y orgullosa satisfacción. Aún se desconoce el infausto final y se acuñan medallas conmemorativas mostrando a Lezo arrodillado ante Vernon entregándole la espada con la inscripción "el orgullo español humillado por Vernon". En ellas el vencido aparece con dos piernas, dos ojos y dos brazos para obviar que es un hombre lisiado. En el reverso había seis navios y un puerto, y alrededor la inscripción: quien tomo Portobelo con solo seis naviós, Noviembre de 1939. Éstas medallas, de las que se conservan algunas todavía, fueron motivo de burla durante mucho tiempo por parte de los enemigos de Inglaterra, "debiendo ser en sus autores tanta mayor la vergüenza cuanto fue mayor su ligereza y arrogancia".

    Semanas después Lezo malherido y extenuado por la batalla se hunde en las tinieblas del olvido. Sus últimos momentos se enmarcan dentro de la ingratitud y la amnesia de un camastro en algún hospital de Cartagena. Su cuerpo cercenado se deposita sin honores y se ignora donde esta enterrado.
    Vernon, sabedor de la muerte de Lezo, rondó de nuevo Cartagena en 1742 con 56 navios, pero sus espías le informaron de la reparación de las defensas y de la presencia del Virrey Eslava en la ciudad por lo que no se decidió a atacar y partió a enfrentarse al juicio de la historia. Murió en 1757 repudiado y olvidado por su pueblo, y el rey Jorge II prohibió toda publicación sobre el asalto a Cartagena que quedó así sepultado en la historia. Inglaterra no volvió a amenazar seriamente al Imperio español que subsistió un siglo más. España, en cambio, contribuyó años más tarde al desmoronamiento de las colonias inglesas en América, hecho que también ha tratado de silenciarse:
    España en la Guerra de Independencia y Bernardo de Gálvez (1746-1786) .Poco después de ello los ingleses promoverían la figura de Nelson para elevar la moral y el patriotismo ante la amenaza napoleónica.

     

    El asalto a Cartagena de Indias pasó así a ser un anecdótico episodio de mala suerte debido a enfermedades tropicales mal conocidas. El propio Nelson fue en cierto modo víctima de esta conspiración de silencio. Poco después de afirmar que los Dons sabían hacer barcos pero no pelear tuvo que retirarse humillado y sin su brazo derecho tras el intento de captura de Tenerife (Julio de 1797), cosa que también daba por hecha, y entregar su vida en Trafalgar ante los Dons que pelearon de forma valiente bajo un inepto mando francés.

    Ylos españoles, por contra de los ingleses, somos tan miserables que nos avergonzamos de nuestras hazañas y hurtamos al saber popular figuras como la de Blas de Lezo y Olavarrieta, marino español y vasco de Pasajes (Guipuzcoa). Su legendaria vida, y anónima muerte, contribuyó a cambiar la historia en América y no desmerece frente al mejor guión de aventuras de Hollywood.

     

      

     

    March 09

    Me ha oido?

                                                                       ¿Me ha oido?...

    dijo el capitán‑. Le he preguntado si conoce la historia de España.

    ‑Poco y mal ‑respondí.

    ‑Así son los sabios. No saben. Bien, siéntese, que le voy a contar un curioso episodio de esa historia.

    El capitán se sentó en un diván y, maquinalmente, me ins­talé a su lado, en la penumbra.

    ‑Señor profesor, escúcheme bien, pues esta historia le in­teresará en algún aspecto, por responder a una cuestión que sin duda no ha podido usted resolver.

    ‑Le escucho, capitán ‑le dije, no sabiendo bien adónde quería ir a parar y preguntándome si tendría aquello rela­ción con nuestro proyecto de evasión.

     ‑Señor profesor, si no le parece mal nos remontaremos a 1702. No ignora usted que en esa época, vuestro rey Luis XIV, creyendo que bastaba con un gesto de potentado para ente­rrar los Pirineos, había impuesto a los españoles a su nieto el duque de Anjou. Este príncipe, que reinó más o menos mal bajo el nombre de Felipe V, tuvo que hacer frente a graves dificultades exteriores. En efecto, el año anterior, las casas rea­les de Holanda, de Austria y de Inglaterra habían concerta­do en La Haya un tratado de alianza, con el fin de arrancar la corona de España a Felipe V para depositarla en la cabeza de un archiduque al que prematuramente habían dado el nom­bre de Carlos III. España hubo de resistir a esa coalición, casi desprovista de soldados y de marinos. Pero no le faltaba el dinero, a condición, sin embargo, de que sus galeones, car­gados del oro y la plata de América, pudiesen entrar en sus puertos.

    »Hacia el fin de 1702, España esperaba un rico convoy que Francia hizo escoltar por una flota de veintitrés navíos bajo el mando del almirante Cháteau‑Renault, para protegerlo de las correrías por el Atlántico de las armadas de la coalición. El convoy debía ir a Cádiz, pero el almirante, conocedor de que la flota inglesa surcaba esos parajes, decidió dirigirlo a un puerto de Francia. Tal decisión suscitó la oposición de los marinos españoles, que deseaban dirigirse a un puerto de su país, y que propusieron, a falta de Cádiz, ir a la bahía de Vigo, al noroeste de España, que no se hallaba bloqueada. El almirante de Cháteau‑Renault tuvo la debilidad de plegarse a esta imposición, y los galeones entraron en la bahía de Vigo. Desgraciadamente, esta bahía forma una rada abierta y sin defensa. Necesario era, pues, apresurarse a descargar los galeones antes de que pudieran llegar las flotas coaliga­das, y no hubiera faltado el tiempo para el desembarque si no hubiera estallado una miserable cuestión de rivalidades. ¿Va siguiendo usted el encadenamiento de los hechos?

    ‑Perfectamente ‑respondí, no sabiendo aún con qué mo­tivos me estaba dando esa lección de historia.

    ‑Continúo, pues. He aquí lo que ocurrió. Los comercian­tes de Cádiz tenían el privilegio de ser los destinatarios de todas las mercancías procedentes de las Indias occidentales. Desembarcar los lingotes de los galeones en el puerto de Vigo era ir contra su derecho. Por ello, se quejaron en Madrid y obtuvieron del débil Felipe V que el convoy, sin pro­ceder a su descarga, permaneciera embargado en la rada de Vigo hasta que se hubieran alejado las flotas enemigas. Pero, mientras se tomaba esa decisión, la flota inglesa hacía su aparición en la bahía de Vigo el 22 de octubre de 1702. Pese a su inferioridad material, el almirante de Cháteau‑Renault se batió valientemente. Pero cuando vio que las riquezas del convoy iban a caer entre las manos del enemigo, incendió y hundió los galeones, que se sumergieron con sus inmensos tesoros.

    El capitán Nemo pareció haber concluido su relato que, lo confieso, no veía yo en qué podía interesarme.

    ‑¿Y bien? ‑le pregunté.

    ‑Pues bien, señor Aronnax, estamos en la bahía de Vigo, y sólo de usted depende que pueda conocer sus secretos.

    El capitán se levantó y me rogó que le siguiera. Le obede­cí, ya recuperada mi sangre fría. El salón estaba oscuro, pero a través de los cristales transparentes refulgía el mar. Miré.

    En un radio de media milla en torno al Nautilus las aguas estaban impregnadas de luz eléctrica. Se veía neta, clara­mente el fondo arenoso. Hombres de la tripulación equipa­dos con escafandras se ocupaban de inspeccionar toneles medio podridos, cofres desventrados en medio de restos en­negrecidos. De las cajas y de los barriles se escapaban lingo­tes de oro y plata, cascadas de piastras y de joyas. El fondo estaba sembrado de esos tesoros. Cargados del precioso bo­tín, los hombres regresaban al Nautilus, depositaban en él su carga y volvían a emprender aquella inagotable pesca de oro y de plata.

    Comprendí entonces que nos hallábamos en el escenario de la batalla del 22 de octubre de 1702 y que aquél era el lu­gar en que se habían hundido los galeones fletados por el go­bierno español. Allí era donde el capitán Nemo subvenía a sus necesidades y lastraba con aquellos millones al Nautilus. Para él, para él sólo había entregado América sus metales preciosos. Él era el heredero directo y único de aquellos te­soros arrancados a los incas y a los vencidos por Hernán Cortés.

    ‑¿Podía usted imaginar, señor profesor, que el mar con­tuviera tantas riquezas? ‑preguntó, sonriente, el capitán Nemo.

    ‑Sabía que se evalúa en dos millones de toneladas la plata que contienen las aguas en suspensión.

    ‑Cierto, pero su extracción arrojaría un coste superior a de su precio. Aquí, al contrario, no tengo más que recoger lo que han perdido los hombres, y no sólo en esta bahía de Vigo sino también en los múltiples escenarios de naufragios registrados en mis mapas de los fondos submarinos. ¿Com­prende ahora por qué puedo disponer de miles de millones?

    ‑Sí, ahora lo comprendo, capitán. Permítame, sin embar­go, decirle que al explotar precisamente esta bahía de Vigo no ha hecho usted más que anticiparse a los trabajos de una sociedad rival.

    -¿Cuál?

    ‑Una sociedad que ha obtenido del gobierno español el privilegio de buscar los galeones sumergidos. Los accionis­tas están excitados por el cebo de un enorme beneficio, pues se evalúa en quinientos millones el valor de esas riquezas naufragadas.

    ‑Quinientos millones... Los había, pero ya no.

    ‑En efecto ‑dije‑. Y sería un acto de caridad prevenir a esos accionistas. Quién sabe, sin embargo, si el aviso sería bien recibido, pues a menudo lo que los jugadores lamentan por encima de todo es menos la pérdida de su dinero que la de sus locas esperanzas. Les compadezco menos, después de todo, que a esos millares de desgraciados a quienes hubieran podido aprovechar tantas riquezas bien repartidas, y que ya serán siempre estériles para ellos.

    No había terminado yo de expresar esto cuando sentí que había herido al capitán Nemo.

    ‑¡Estériles! ‑respondió, con gran viveza‑. ¿Cree usted, pues, que estas riquezas están perdidas por ser yo quien las recoja? ¿Acaso cree que es para mí por lo que me tomo el tra­bajo de recoger estos tesoros? ¿Quién le ha dicho que no haga yo buen uso de ellos? ¿Cree usted que yo ignoro que existen seres que sufren, razas oprimidas, miserables por ali­viar, víctimas por vengar? ¿No comprende que ... ?

    El capitán Nemo se contuvo, lamentando tal vez haber ha­blado demasiado. Pero yo había comprendido. Cualesquie­ra que fuesen los motivos que le habían forzado a buscar la independencia bajo los mares, seguía siendo ante todo un hombre. Su corazón palpitaba aún con los sufrimientos de la humanidad y su inmensa caridad se volcaba tanto sobre las razas esclavizadas como sobre los individuos.

        Fragmento del libro 20.000 Leguas de viaje submarino ( JULIO VERNE )

     

    Monumento a Julio Verne en Vigo 

    February 16

    Almas con lejia

     

     

    Ahora que los besos, los regalos, y las flores de S. Valentin oscurecen apáticos en el fondo del cajón de la mesilla los unos, y se marchitan ya mustias en el florero de la entrada las otras, me parece muy apropiada esta vieja columna de Alvite , que aunque parezca que es por joder... en realidad lo es.

    Espero que os guste tanto como a mí...

     

    ALMAS CON LEJIA  (J.L.Alvite)

    Solemos enamorarnos de alguien casi por las mismas razones por las que un día decidimos romper. No soportaríamos vivir casados con la persona cuya vida errática tanto nos deslumbro a simple vista.

    Al principio nos atrae su errática inclinación hacia esa alucinante precariedad que roza el abismo, pero por desgracia, el alucinante viaje del enamoramiento suele sucumbir en la mueblería. Aquel tipo transeúnte y espontáneo que cortaba para ella bajo la lluvia las flores en el arcén de la carretera, deja de ser interesante tan pronto descubre lo cómodo que resulta encargar por teléfono desde el salón las orquídeas en la floristería.

    Todas son muy soñadoras al principio, y adoran la expectativa de vivir eternamente a tu lado entre la niebla, pero transcurrido algún tiempo, no nos engañemos, pasados algunos meses o pocos años, lo que verdaderamente esperan de ti es que tengas a mano las llaves que abran sin margen de error aquel elegante portal en mitad de la niebla. Puede que hayas visto la luz del amor en los ojos de la mujer que te escuchaba mientras le leías aquellas estrofas de "Poeta en Nueva York" sentados en el parque del pueblo, pero si ella te dejó, muchacho, fue porque se cruzó en su camino un tipo que tal vez no leía a Lorca, pero pudo pagarle el billete de avión que los llevó en un periquete a Manhattan. Hay que reconocer que la fuerza romántica de cualquier poeta gana mucho si se transcriben sus versos en un billete de "Delta Airlines". ¿No piensan acaso ellas lo mismo de nosotros? ¿Y no es lógico que así ocurra?

    Seamos sinceros. Pasado el inenarrable brote de la pasión, de la temblorosa emoción de las primeras flores nos queda apenas el olfato grosero y poco delicado que nos permite dar por bueno que al volver a casa huelan a comida las gardenias. Por desgracia, el nido del matrimonio suele pudrir los huevos. No sé qué pensáis al respecto, pero a mí una mujer deja de fascinarme tan pronto puedo imaginarla sentada en el retrete. Supongo que a ellas les ocurre lo mismo y que pierden interés en nosotros tan pronto descubren que al mezclarlos con su ropa en la lavadora, tus calzoncillos le destiñen de marrón sus bragas. La separación de la colada suele ser el aviso inconfundible de que al agonizante muñeco del matrimonio ha empezado a rondarle el buitre del divorcio. La fascinación que suscita en su chica el alma límpida del poeta se malogra tan pronto la musa descubre lo mal que el inspirado rapsoda se limpia el culo. Y eso es así por la misma razón por la que al cabo de algún tiempo, ella empieza a llamarle baba a lo que en los deshuesados besos del noviazgo le parecía deliciosa y excitante saliva. Me dijo hace algunos años una amiga con la que había tenido unos cuantos revolcones: "No sé que clase de huella dejará tu personalidad en la mía, cielo, pero dudo que sea tan resistente como las jodidas manchas que tu culo deja últimamente en cama".

    Acusé recibo. Sabía que lo nuestro tocaba a su fin. Habíamos caído en el error de esa excesiva franqueza que suele perjudicar los sueños y manchar la cama. Un amor verdadero puede sobreponerse a las insidias, muchacho, pero raras veces sobrevive a la lejía. Tienes que saber que abrirle tu alma a una mujer no está reñido con mantener bien cerrado el culo, igual que ellas saben por la experiencia de sus madres que no es bueno que una mujer le abra de buenas a primeras sus brazos a un hombre sin tomar la precaución de cerrar al mismo tiempo sus piernas.

    Dicen los defensores del amor limpio y espiritual que el sexo hay que entenderlo como algo ingrávido, etéreo, como una lírica y surrealista emanación de temblorosa carne flambeada, sin perder de vista que el 80 por ciento del cuerpo humano es agua. Eso dicen y hasta puede que tengan algo de razón. De todos modos, y aun reconociendo que el 80 por ciento del cuerpo femenino sea sólo agua y una orquilla en el alga del pelo, lo cierto es que de las mujeres de mi vida recuerdo lo bien que me lo pasé con el 20 por ciento restante...

     

    January 27

    Jaco Pastorius

               

     

       

    John Francis Pastorius III nacio el 1 de Diciembre de 1951 en Norristown, Pennsylvania. Descendiente de baterista de Jazz, mamo esta música desde enano. A los 7 años, "Jacko" (asi lo llamaban), tuvo la oportunidad de enriquecerse con una amplia gama de estilos musicales, incluyendo sonidos caribeños, percusión cubana y Rythm&Blues. Jaco era originalmente un baterista, pero empezó con el bajo eléctrico al quebrarse la muñeca a la edad de 13 años.

    Pese a ser autodidacta, Pastorius tomó un instrumento hasta entonces relativamente nuevo, el bajo eléctrico, cuyo papel hasta ese momento por lo general era de acompañamiento y permanecía en un segundo plano dentro de las bandas de música popular, y lo llevó a los primeros planos, mostrando que también podía ser un instrumento enormemente expresivo y rico tonalmente, capaz de interpretar la melodía principal o de improvisaciones espectaculares, en aquella época patrimonio exclusivo de los trompetistas, saxofonistas y pianistas. Pastorius quitó los trastes a su bajo Fender Jazz Bass modelo de 1954, transformándolo en un fretless, hasta el momento poco conocido y utilizado, cuya sonoridad y técnica son más similares a las del contrabajo, más dulce que el bajo eléctrico tradicional, y que junto con la particular posición de la mano derecha utilizada por Jaco conforman ese sonido único que es su marca de fábrica.

    Jaco subió de la oscuridad a la fama, después de unirse a "Weather Report". Jaco tuvo su primer encuentro con Joe Zawinul en las afueras del Teatro Guzmán de Miami en 1975. Afuera de la prueba de sonido, Zawinul estaba descansando en una esquina del teatro cuando fue abordado por este "flaco muchacho con el pelo largo y ropas salvajes"."El dia que lo conocí, Jaco se acerco a mi y me dijo 'Soy John Francis Pastorius III y soy el mejor bajista del mundo', y yo le dije a el 'Anda a molestar a otra persona!!!' (Get the fuck outta here!!!-textual)".

    Pero Jaco era cabezón. Le dio a Zawinul una cinta y después le escribió una carta. "El me recordaba a mi cuando joven. Yo acostumbraba decir 'Soy lo peor' cuando llegue a los "Cannonballs" dijo Zawinul. Cuando Joe escucho la cinta, quedo absolutamente sorprendido. Sin embargo, Weather Report ya tenía un gran bajista. Jaco se sintió desplazado, pero siguió en contacto con Joe Zawinul por los siguientes meses.

    La gran oportunidad de Jaco vino en 1976 cuando el bajista de los Weather Report, Alphonso Johnson, Anuncio que se retiraba de la banda para formar un proyecto nuevo. En ese momento, Weather Report tenía a medio concluir su álbum "Black Market" y necesitaba de un bajista para finalizarlo. Joe Zawinul recordó a Jaco. Zawinul después diría, "Me acorde de este chico Pastorius, ya que me había enviado un álbum solo, y estaba realmente asombrado de este disco, especialmente de la canción 'Continuum'. Asi que llame a Jaco, y le dije ' Oye chico,¿ tu también tocas bajo eléctrico ?'"

                            ____________________________WATHER REPORT

     Jaco fue arrestado una vez durante el tour de 1982 por recorrer Tokyo desnudo en una motocicleta. En 1983, durante un tour con la séptima versión de la banda Word of Mouth, Jaco salto de 8 metros desde un balcón en Rimini, Italia, resultando con la muñeca izquierda quebrada y tres costillas fracturadas. En el Festival de Jazz Playboy de 1982 el fue removido del escenario por causar conmoción destruyendo el equipamiento. El verano de 1986 fue una completa pesadilla que culmino, gracias a los esfuerzos de sus hermanos, con Jaco internado en la Clínica Siquiátrica del Hospital Bellevue en Nueva York. El permaneció allí por 6 semanas. Para el Verano de 1987, el estaba fuera de control. Diagnosticado como maniaco-depresivo, sus acciones eran totalmente inesperadas. El alcohol solo agravaba su condición. Numerosas historias se contaban acerca de las acciones de Jaco rompiendo cosas, insultando a la gente, partiendo peleas y siendo escoltado fuera de clubs por policías. Fue muchas veces encontrado en las calles de Nueva York borracho, sin casa y en malas condiciones.

    El fin vino bruscamente en la madrugada del 12 de septiembre de 1987. Después de haber sido expulsado de un concierto de Santana por tratar de subirse al escenario, Jaco apareció en el Midnight Bottle Club, un club de mala muerte en Wilton Manor, un peligroso suburbio de Fort Lauderdale. El había sido expulsado, ya que este club era para solo miembros. Cuando a Jaco le fue prohibida la entrada, el aparentemente trato de botar la puerta de adelante. Luc Havan, el gerente del club, salio para ver que estaba pasando. Gracias a terribles llaves de karate, mas tarde el que alguna vez fuera el más grande bajista del planeta, yacía en el piso rodeado de un charco de sangre, con el cráneo fracturado, un ojo reventado, y casi todos los huesos de la cara quebrados. Jaco llego en estado de coma al Centro Medico General Broward. Si el lograba salir de ese estado quedaría paralizado de un lado para siempre. Entonces su estado cambio de Muy grave a menos grave. Pero inesperadamente, en la noche del 19 de septiembre, una vena reventó en el cerebro de Jaco. Para el domingo tenia cero actividad cerebral. El lunes, Jaco fue retirado del Respirador Artificial. Tenía 35 años.

    January 22

    Capitan Alatriste vs Capitan Tormentas

     

    Pérez-Reverte y Manuel Ángel Candelas, profesor de Literatura

    Española de la Universidad de Vigo. / RICARDO GROBAS

     

     

     

     

     

    Pérez-Reverte: ´Los españoles somos violentos, puñeteros y de bronca fácil´

     

    RAFA LÓPEZ / VIGO Los españoles somos violentos, crueles, envidiosos, puñeteros y de bronca fácil". Así se expresaba ayer en el Club FARO el escritor Arturo Pérez-Reverte al hilo de su última novela, "Un día de cólera", un relato documental por el que desfilan medio millar de personajes reales de la sublevación contra las tropas napoleónicas del 2 de mayo de 1808.
    El novelista utilizó el cuadro "La carga de los mamelucos", de Goya, para explicar su parecer en torno a la revuelta que dio origen a la Guerra de la Independencia contra los franceses (1808-1814). "Son incultos, defienden a un rey infame, a una España atrasada y a una Iglesia caduca -resaltó, en referencia a los ciudadanos del cuadro que asaltan a los franceses en sus monturas- Pero no puedo evitar admirar el valor". "A veces me quema la sangre este país puñetero, pero aun así a veces me veo conmovido", añadió.

     

                 

     

     

     

    ´Fernando VII fue el mayor hijo de puta que gobernó España´

     

    Arturo Pérez-Reverte describió los dos largos años de elaboración de "Un día de cólera" como un trabajo "agotador pero muy divertido". Tuvo que instalar paneles en su casa en los que iba apuntando centenares de personajes reales -571, según el censo de un lector gallego-, cronologías y situaciones. Se basó en documentos de la época, libros de memorias y expedientes de muertos y heridos. Al terminar la guerra, Fernando VII, en palabras de Pérez-Reverte "el mayor hijo de puta que ha gobernado España nunca", prometió dar indemnizaciones a las víctimas. Cada familia aportó dos testigos contando cómo había muerto o caído herido su pariente. Eso facilitó un fondo documental riquísimo de 409 muertos y 160 heridos con nombres, profesiones, circunstancias y demás. A partir de ahí el escritor unió personajes en partidas, reflejó diálogos y se permitió las mínimas licencias narrativas, construyendo un relato "con la humilde argamasa narrativa que une las piezas".

     

         

     

     

    CAPITAN ALATRISTE      VS       CAPITAN TORMENTAS

             

                                                                        Al Capitan Tormentas del Capitan Alatriste.

                                                                                         Un abrazo. Arturo

     

    January 16

    Son horas de duelo

     

           

     Lo facil que es un accidente en la mar
     
     
     
     

    SON HORAS DE DUELO

     

    Se que no son horas de criticas, ni de reproches. Son horas de solidarizarse y estar con las victimas y sus familias, son horas de duelo.

    El mar, la mar, esa mar que tanto amamos los gallegos, ese litoral tan hermoso y salvaje, volvió como todos los años a cobrarse su tributo... Así de simple y así de duro.

    Durante el dia de ayer y lo que va del de hoy, escucho; -esta vez desde el abrigo que me da mi hogar-, a mucha voces que nunca pisaron la cubierta de un barco, hacer mil y una criticas. La más importante, que incluso dio lugar a abrirse un foro de debate en La voz de Galicia es: ¿Si deberia prohibirse la navegación cuando se declaran alertas por temporal?. Mi opinión como profesional de la mar es que ¡NO!... cada patrón o capitán es responsable de su barco y su tripulación... ¡punto!

    Se que algún compañero de profesión me echara los perros al leer esto, pero en el 80% de los naufragios que conozco desde que estoy mandando barcos y tripulaciones, -que ya son muchos- la falta de previsión, pericia, prudencia o profesionalidad por parte del capitán siempre tuvo algo que ver. Unas veces por faenar cuando no se podía, otras por no atender las guardias de mar con suficiente responsabilidad. Y las más, por no realizar las maniobras oportunas y convenientes en medio de un temporal.

    Que no me venga el señor Xavier Aboy responsable del sindicato marinero “CIGA mar”, diciendo que son los armadores responsables de que el barco salga a faenar... Puedo decir que en diversas ocasiones me encontré en esta situación -presionado por el armador para salir con mal tiempo fuera-, y “siempre” la última decisión fue la mía. Y si un capitán no es capaz de imponer su criterio de responsabilidad sobre un barco y su tripulación... no vale para el mando... así de claro. Ya se que en ocasiones esto implica un despido inmediato, pero el salir implica la vida y eso, ya son palabras mayores.

    No voy a entrar a analizar las maniobras en medio del temporal, pues todo seria trabajar sobre supuestos; pero ese barco no tenia que haber salido a la mar. Desde el jueves pasado se sabia, yo al menos lo sabia, -estudio los mapas de isobaras todas la mañanas-, que ese frente frío atlántico venia muy activo e iba a dejar vientos del sudoeste muy fuertes, se pronosticaban con 72 horas de antelación vientos de fuerza 8, los cuales debido a su fetch y persistencia arrancarían mares de entre 7 y 10 mtrs de altura. No es de recibo salir a faenar en estas condiciones.

    Se que son palabras duras estas, se que habrá a quien no le gusten entre mis compañeros de profesión, pero es lo que pienso y se que muchos son de mi misma opinión, por lo tanto así lo escribo.

    Pero como dije al principio no son horas de criticas ni reproches... tiempo habrá. Son momentos para sumarse al dolor de esas familias, que ven que una vez mas, sus temores y miedos son confirmados por la falta de compasión de esa señora azul. Esa señora que tanto nos da, pero que de cuando en vez exige un pago.

    Es la mar... y así lo deberíamos tener presente siempre los que de ella vivimos y los que a ella amamos.

    Buenos vientos acompañen las eternas singladuras de los cinco marinos que ayer perdieron la vida a bordo del pesquero “Cordeiro”.

     

     

        Fredo

        En Vigo, a 16 de Enero del 2008

     

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    January 05

    ...empezamos bien el año

     

     

    Los arrastreros coruñeses se unen a la protesta por el alza del gasóleo y los bajos precios de las capturas

    Flota arrastrera congeladora amarrada en el puerto de Vigo. 

    J.C. / VIGO La Confederación Española de Pesca (Cepesca) sigue adelante con su iniciativa de llevar a cabo una manifestación el próximo 25 de enero frente al Ministerio de Pesca en Madrid para protestar por la subida del gasóleo y la caída de las cotizaciones del pescado, y está sumando apoyos. Según informó ayer su secretario general, Javier Garat, la respuesta del sector ha sido "unánime" y asegura que cofradías y entidades que no forman parte de Cepesca se están uniendo a las movilizaciones. Es el caso de los arrastreros coruñeses, integrados en Arpesca (unos 25 buques), y que ayer decidieron secundar la protesta convocada por la gran patronal armadora española.
    En Galicia, según fuentes de la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi), la flota de altura y gran altura de los puertos de A Guarda, Vigo, Marín, Celeiro, Ribeira y A Coruña, entre otros, amarrará durante los días previos a la manifestación, paralizando las lonjas y los servicios portuarios. También la de cerco, integrada en Cepesca. "Tenemos constancia de que muchas cofradías, a título individual, también nos van a apoyar en Galicia", explicó Javier Garat.
    En este sentido, la confederación cree que también la flota de bajura apoyará las movilizaciones, debido a que durante las navidades este tipo de embarcaciones salió al faenar al subir los precios por las fiestas, pero que ahora también se verán obligadas a amarrar.
    No lo cree así Evaristo Lareo, presidente de la Federación Galega de Confrarías, quien afirmó ayer que la flota de bajura no secundará la protesta. En declaraciones a Europa Press, Lareo explicó que los pósitos confían en que la ministra de Pesca, Elena Espinos, cumpla lo prometido y a comienzos de este año pague las ayudas "mínimis plus" para paliar la subida de los carburantes.
    Subvenciones
    De enero a 30 de agosto el precio mínimo en mas 100 surtidores en puertos pasó de los 0,43 euros por litro de principios de año a los 0,50 euros por litro. Ante esta situación, Lareo recordó que el MAPA decidió establecer unas ayudas de mínimis de 0,0962 euros por litro para la flota de bajura que, según el ministerio, a 19 de abril ya estaban abonadas.
    Esta herramienta fue aprobada por Unión Europea (UE) en junio y se publicó en julio, por lo que no ha sido hasta este momento cuando los Estados miembros tuvieron capacidad para poder actualizar estas medidas que permiten subir el umbral de 3.000 hasta los 30.000 euros que se tienen que modular ya que es el máximo que se puede dar en un periodo de tres años, explicó meses atrás la Dirección general de Estructuras y Mercados Pesqueros del MAPA.
    No obstante, la escalada de los combustibles no se detiene. Ayer mismo el gasóleo batió su récord histórico en el Puerto de Vigo -que cuenta con los precios más competitivos de España-, al cotizar el litro a 0,518 euros el litro.

    Fuertes: ´No amenazamos con el paro, es que la flota ya está amarrando al no ser rentable´

    "Es la crisis más seria a la que se ha enfrentado la pesca en los últimos treinta años". José Ramón Fuertes, director gerente de la Cooperativa de Armadores de Vigo (Arvi), integrada en Cepesca, aseguró ayer que el sector no amenaza con el paro al Ministerio de Pesca: "Es que la flota ya está amarrando porque no es rentable. Ayer [por el jueves] tres barcos en A Coruña y el otro día toda la flota de Mauritania".
    Este responsable de Arvi denunció que el sector pesquero es el único en España que no cuenta con un plan estratégico. "Necesitamos un plan de viabilidad, de reestructuración. Sabemos que no hay rentabilidad para todos, pero tenemos que sentarnos a la mesa", explicó. "Nadie nos está escuchando", añadió.
    Fuertes destacó además que las actuaciones de protesta acordadas ayer por Cepesca fueron aprobadas por unanimidad por las 41 asociaciones que componen la Confederación, y que la paralización de lonjas y puertos desde el día 23, aproximadamente, es sólo "un primer paso".


    December 09

    Corto cumpleaños

     
    40 aniversario de Corto Maltés
     
             
                                                                      
                                                                                                              Aquellos, que como tu Corto, saben vivir, se encuentran
                                                                                                           a gusto hasta en el infierno.
     

    Corto Maltés cumple 40 años.Yo siempre fui seguidor de Marvel. Thor era mi ídolo, como lo fueron los 4 Fantásticos o Iron Man, y no fue sino hasta varios años después que no leí a Corto Maltés. Sí, había oido hablar de él, pero hasta entonces yo era más amigo de cómics de aventuras cortas, sin profundidades; yo buscaba simplemente cómics clásicos en los que se enfrentaran buenos y malos y hubiera acción y poderes especiales.

     

    Hugo Pratt, el autor de Corto Maltés, supo romper con aquella tendencia, y fue en el año 1967, cuando apareció en los kioscos una especie de cómic novela que tenía por nombre La Balada del mar salado. Chocaba, o al menos a mí me chocó, su estilo de dibujos, con personajes muchos más reales, con trazos más agresivos, y colores más oscuros. Corto Maltés realmente no parecía un cómic. En realidad el propio Hugo Pratt se consideraba un novelista que incluía en sus relatos dibujos en vez de descripciones. O como Umberto Eco dijo de él… es el Salgari del siglo XX, pero al contrario que Salgari, Hugo Pratt escribía bien“.

     

    No eran ni mucho menos historias para niños. Eran y son relatos literarios. Novelas con dibujos en las que podemos encontrar venganzas, celos, sexo y cuantos elementos son propios de cualquier novela. Eso sí, Corto Maltés tenía una personalidad muy distinguida, chulo, dirían unos, libertinos, dirán otros, pero era ante todo su frescura, su ironía y su valentía era lo que más llegaba de él. El hacía las cosas porque había que hacerlas (aunque a veces se dejaban entrever sus principios) y cuando se cansaba de algo, lo dejaba y buscaba nuevos horizontes. En el fondo es cuanto todos hemos buscado y necesitado alguna vez: libertad para hacer cuanto queramos.

     

    Y aquel Corto Maltés al que rescataron en su primer capítulo del océano, después de que fuera abandonado allí, atado a unos palos por una tripulación que se le había sublevado, acabaría convirtiéndose en un mito. Aquel maltés comenzó su historia curiosamente un 11 de septiembre, de 1913. Sí, un 11-s, casualidades de la vida, y con el transcurso de cada una de sus novelas, pudimos ocnocer sus desventuras en la guerra civil española, en las minas del rey Salomón, sus enfrentamientos con los nazis y sus encuentros con Stalin.

    Ahora se cumple su 40 aniversario: el 40 aniversario de Corto Maltés. Ya ha pasado tiempo, ya, desde que un día, cuando abrimos por primera vez “la balada del mar salado” pudimos leer… Yo soy el Oceáno Pacífico, el mayor de todos“.

     

    6  CLAVES PARA COMPRENDER... Los 40 años de Corto Maltés 


    1. ¡Sea! «A veces no quiero dejar este mundo de mitos     

    y ya no sé dónde está lo real.» En 1967, Hugo Pratt crea a Corto Maltés, un marino aventurero.

      2 …Balada. Hijo de un marino británico y de la Niña

     de Gibraltar, una gitana de Sevilla, tatuará en su mano –con ayuda del filo de una navaja– su propia

     ‘línea de la fortuna’.

      3 …Éxito. Basado en los personajes románticos y en la

     misma vida de película de Hugo Pratt (policía en la Etiopía colonial, arrestado por espía por las SS…).

    4 …Corto. A través de sus 12 álbumes, viajará a la guerra

    china de los Boxers, conocerá a Stalin o a Jack London, se alistará en el Ejército Republicano durante

    la guerra civil española, etcétera.

    5. Elegante. Irónico. Pendenciero. («Lo que yo sea es asunto mío», es su máxima).     

    Pratt recibirá el apodo de «el gran narrador del siglo XX». Fue prologado por Umberto Eco seduciendo a

    todos.

         6 …Icono. Objeto de infinidad de estudios literarios, históricos y pictóricos,

    su libertad perdurará como símbolo del ansia contemporánea. Así que ¡feliz cumpleaños.

    November 24

    Tierra celta

     

     

            

                  ¡ OTRO SPACE DEL CAPITAN TORMENTAS !

                             

                                                                                                                    

                                             

    November 21

    Un dia de colera

    ¡Maese Arturo nos vuelve a deleitar con una de sus novelas!

    Dossier Oficial de "Un día de cólera"

    http://www.icorso.com/hemeroteca/UN%20DIA%20DE%20COLERA.PDF

    Gracias a nuestra librera personal... Gracias Sylvia  Sonrisa

     

    Un dia basta

    para sublevar

    a un pueblo.

     

    Nadie lo había

    contado así.

     

    Este relato no es ficción ni libro de historia. Tampoco tiene un protagonista concreto,

    pues fueron innumerables los hombres envueltos en los sucesos del 2 de mayo de 1808

    en Madrid. Héroes y cobardes, victimas y verdugos, la historia retuvo los nombres de

    buena parte de ellos: las relaciones de muertos y heridos, los informes militares, las

    memorias escritas por actores principales o secundarios de la tragedia, aportan datos

    rigurosos para el historiador y ponen limites a la imaginación del novelista. Cuantas personas

     y lugares que aparecen aquí son autenticos, asi como los sucesos narrados y muchas de

    las palabras que se pronuncian.

     

     

    En un dia de cólera, Arturo Pérez Reverte convierte en historia colectiva las pequeñas y oscuras

    historias particulares registradas en archivos y libros. Lo imaginado, por tanto, se reduce a la

    argamasa narrativa que une las piezas. Con las licencias mínimas que la novela justifica, estas

    paginas pretendendevolver la vida a quienes durante doscientos años solo han sido personajes

    anónimos en grabados y lienzos contemporáneos, o escueta relación de nombres en los documentos oficiales.

     

    November 19

    Pantocazo

    No os perdáis el peazo pantocazo de este Tangonero...

      

    No es que sea asi.... ¡ Es peor !

     

    November 17

    Led Zeppelin

    LED ZEPPELIN EN CONCIERTO

     

     

     

    El rock and roll sube al escenario

     

    Casi 40 años después de su fundación, en 1968, Led Zeppelin pretenden subirse a un escenario para tocar los temas de siempre, el proximo 10 de diciembre. Pura gozada para los oídos de cualquier rockero que se precie. La banda inglesa duró hasta 1980, momento en el que, debido al fallecimiento del baterista Jason Bonham, decidieron separarse y no tocar nunca más.

     

    Un británico paga 83.000 libras para ver a Led Zeppelin en concierto.

     

    Dos entradas para el regreso a los escenarios de la legendaria banda de rock Led Zeppelin han alcanzado la cifra de 83.000 libras (unos 116.230 euros). Kenneth Donell, de Glasgow, desembolsó hoy esta suma de dinero para asistir al concierto que la banda, una de las más influyentes de la historia del rock, ofrecerá el próximo 10 de diciembre, treinta años después de su separación.

    Con las entradas agotadas pocas horas después de su puesta a la venta el pasado octubre, los tres miembros supervivientes del conjunto -el cantante Robert Plant, el guitarrista Jimmy Page y el bajista John Paul Jones- se reunirán en un concierto benéfico de homenaje a Ahmet Ertegun, cofundador de la discográfica estadounidense Atlantic Records.
    Aunque su vuelta estaba prevista para el 26 de noviembre, con un único concierto en Londres, el acontecimiento debió retrasarse hasta diciembre porque Jimmy Page se fracturó el dedo.  
     

     

         

     

    STARWAY TO HEAVEN (VIDEO Y LETRA) 

     

    Para la Luna de Skorpio.....!para que te animes un poquillo mujer! 

     

    Hay una dama que está segura

    de que todos los brillantes son oro

    Y ella está comprando una escalera al cielo

     

    Cuando ella llega allí, ella sabe

    que si todos los negocios están cerrados,

    con una palabra ella puede conseguir lo que vino a buscar.

     

    Ohh, ohh, ella está comprando una escalera al cielo

     

    Hay una señal en la pared

    pero ella quiere estar segura

    porque tu sabes que las palabras a veces tienen dos significados

     

    En un árbol, al costado del arroyo

    hay un pájaro cantor que canta,

    algunas veces todos nuestros pensamientos son confusos

     

    Ohh,ohh, ella me pregunta

    Ohh,ohh, ella me pregunta

     

    Hay un sentimiento que tengo

    cuando miro al oeste,

    y mi espíritu está llorando por irse.

     

    Y en mis pensamientos he visto

    anillos de humo a través de los árboles

    y las voces de los que miran paradas

     

    Ohh,ohh, ella me pregunta

    Ohh,ohh, ella me pregunta

     

    Y susurra que pronto, si todos llamamos a la armonía

    luego el flautista nos conducirá a razonar.

    y un nuevo dia amanecerá para aquellos que soporten mucho tiempo

    y el bosque hará eco con su risa

    si hay disturbio en tu seto vivo, no te alarmes ahora.

    Es tan solo una limpieza de primavera, para la reina de mayo.

     

    Si, hay dos senderos que puedes atravesar

    pero en la carrera larga,

    aún hay tiempo para cambiar el camino en el que estas

     

    Ohh,ohh, ella me pregunta

     

    Tu cabeza está tarareando,y yo no iré,

    en caso de que no lo sepas.

     

    El flautista te está llamando para que te unas a él

    Amada dama, tu puedes oír el volar del viento,

    y sabes que

    tu escalera se halla en el viento suspirante.

    Mientras desenrollamos el camino,

    nuestras sombras, más altas que nuestras almas.

    la caminata de una dama que todos conocemos

    que brilla con luz blanca, y que quiere mostrarnos

    como aun todo se convierte en oro.

     

    Y si escuchas muy atentamente

    la armonía vendrá a ti por fin.

    Cuando todos son uno y uno son todos

    ser una piedra, y no rodar.

     

    Y ella está comprando una escalera al cielo.

     

    Led Zeppelin

    November 09

    España dentro de 40 años

    Greenpeace denuncia con imágenes los efectos del cambio climático en España

    La organización ha presentado hoy el libro 'Photoclima', donde pone de relieve los cambios drásticos que sufrirá los paisajes españoles si no se reducen las emisiones de CO2

    Greenpeace ha puesto de relieve la transformación paisajística que sufrirá España como consecuencia del cambio climático en Photoclima: Imágenes de un futuro afectado por el cambio climático, un libro presentado hoy donde alerta de la urgencia de reducir las emisiones de CO2 para evitar que sean una realidad las fotografías del libro, obtenidas a partir del informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) 

    PHOTO CLIMA (Documento completo) "Ver"

             

         Los glaciares de Monte Perdido en el Pirineo

            

          Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas de Galicia.

        Islas Cies, Pontevedra

            El futuro del Ebro  

            

           La Manga del Mar Menor, Murcia

            

           Parque Natural de los Alcornocales, Cádiz.  Desde el Pico del Aljibe

    November 03

    Cadaveres con escote

     

    CADAVERES CON ESCOTE


    Me pregunto qué diablos hemos hecho para que nuestros chavales huyan de nuestros dioses, de nuestros sueños y de nuestras manos. ¿Será que buscan en la calle las sensaciones que no encuentran en sus casas? ¿Estarán asqueados de nuestro confort y de lo mal que a nuestra conciencia le huele el aliento? ¿Y si resultase que la convivencia no nos ha servido en absoluto para conocernos los unos a los otros? Sea cual sea el origen de ese distanciamiento, el caso es que los hogares ya no son en absoluto lo que eran y en muchos casos la muerte de un hijo suele ser el único motivo convincente para que se reúnan de nuevo sus padres y para que la familia se haga por última vez una foto apaisada. Resulta desalentador que el esfuerzo laboral y económico para mantener a flote la familia con frecuencia sólo sirva para consumar su fracaso. Mucha gente no trabaja donde vive y se ve obligada a almorzar fuera de casa, de modo que son cada vez más numerosos los hogares en los que apenas se prende el fuego y algunos en los que sólo encienden la luz los ladrones. Un matrimonio gana ahora más dinero que cuando yo era niño y su poder adquisitivo es inmensamente superior, pero sus hijos no tienen con quien hablar de sus cosas y prefieren el calor social del callejeo y la colegiada compañía expósita de otros muchachos en sus mismas circunstancias de estupor, soledad e indiferente tristeza. Saben que sólo podrán encontrar en los bares los olores sicológicos y reconfortantes que sus padres encontraban a la misma edad en las escaleras de sus abuelos. Tendríamos que replan-tearnos nuestros objetivos materiales y pensar si el éxito laboral y la pujanza económica en realidad sólo nos van a servir para pagar los canapés y el fotógrafo nupcial en el entierro de nuestros aturdidos muchachos. Algunos padres se interesan por las inquietudes y por los sueños de sus hijos únicamente cuando a las inquietudes y a los sueños de sus hijos el alcohol les inflama el hígado. Hemos llegado al punto de un trágico desentendimiento genealógico que sólo conduce a la decepción camino de la muerte. Nos conformamos con pagar sus copas y sus multas de tráfico, confiando en que no serán los de los nuestros los nombres de los chavales reventados de madrugada en cualquier carretera entre la cubista chatarra de un coche ciego. Esa creciente frialdad moral lleva camino de convertirnos en seres prácticos e insensibles a los que la factura del taller pueda suponerles algún día un malestar mayor que el de la muerte de un hijo. De hecho, muchos padres lo único que conocen del alma de sus hijos es la composición de sus vómitos. En ese caso habremos de reconocer que les hemos fallado por haberlos dejado a solas en un mundo cartesiano, cruel y competitivo en el que de paso que los anestesian, irónicamente las nuevas tecnologías de la comunicación sólo sirven para aislarlos frente a un teclado de ordenador o con los ojos pasmados en la absorbente pantalla lisérgica del teléfono móvil. Ya nadie se abraza en la intimidad con los suyos. ¿Los suyos? ¿Existen realmente los suyos? Nunca fueron tan pequeñas las familias, tan angustiosos los pisos, ni tan solitarios los entierros. Ganar dinero sólo nos ha servido para gastar un dineral en conservar un decente nivel de miserable riqueza. Ya nadie se sorprende de lo numerosas que son las familias monoparentales y de aquí a pocos años tampoco nos sorprenderemos de que, por evidente ausencia de familia, incluso sean monoparentales los muertos. Cuando yo era joven, los chavales que se pasaban de copas empleaban los últimos vestigios de su lucidez para preguntar entre arcadas por sus madres. Es distinto ahora, así que cuando a un adolescente lo rebasa el alcohol, lo más parecido a su madre que se le viene a la cabeza es el teléfono de urgencias. En sus padres incluso piensan menos. Resulta doloroso pero es hasta cierto punto natural. A fin de cuentas, muchos de esos padres son hombres condenados por su divorcio a trabajar hasta la extenuación para pagar la pensión compensatoria, la asignación por alimentos y la fonda con ratas en la que una señora parecida a Mike Tyson les plancha las camisas salpicándolas con el agua encallada que supura la sopa al convertirse en musgo. Ocurre algo parecido con las mujeres divorciadas en condiciones adversas. Pensar en el espectáculo de semejante fractura emocional puede servir para darle alguna respuesta razonable a la pregunta de por qué beben tanto nuestros chicos. Yo no sé si esto tiene solución, pero tal vez valiese la pena hacer algo antes de que la última noticia sobre la salud de nuestros muchachos nos la dé el forense con el teléfono móvil del veterinario. Porque si no le ponemos remedio, lo más razonable sería que nuestros chicos trasladasen sus botellones al cementerio. Será doloroso, sin duda, pero, ¡que demonios!, el cinismo nos ayudará a superarlo. A fin de cuentas, la muerte de un chaval siempre será un buen pretexto para dar de baja en el banco la costosa domiciliación de aquel teléfono que en un momento de angustia al muchacho en realidad sólo le habría servido para pedir personalmente la ambulancia que trasladase sus restos al hospital que menos le encareciese a los suyos la identificación del cadáver. Como ahora todos los matrimonios trabajan para costearse a medias sus fracasos, en el peor de los casos, amigo mío, tendremos la inmensa suerte de que nuestros hijos se nos morirán a escote.

    J.L.Alvite

    October 26

    DANTESCO


    El patrón del 'Tiburón Tercero', José María Abreu Gómez, calificó de
    "dantesca" la escena cuando él y su tripulación lograron acercarse al
    cayuco en el que encontraron siete cadáveres "en descomposición" y un
    superviviente en "malísimas condiciones" y lamentó "profundamente" que
    hayan fallecido 56 personas después de que la precaria embarcación se
    mantuviese a la deriva los últimos 20 días.

    José María Abreu confesó "la rabia e impotencia" que siente él y los
    otros cinco tripulantes del 'Tiburón Tercero' tras pasar la que define
    como "la experiencia más dura" de sus vidas". "No lo podremos olvidar,
    psicológicamente estamos bastante dañados porque son seres humanos. No
    importan el color o la raza, han muerto 56 personas", aseveró. Así,
    narró que el palangrero 'Tiburón Tercero' había emprendido viaje a Vigo,
    donde tiene su puerto base, tras pasarse más de cuatro meses de campaña
    pescando pez espada.

    Tras desembarcar parte de su tripulación en Cabo Verde para disfrutar de
    sus vacaciones, los otros seis marineros que se dirigen a Galicia
    avistaron a las 19.00 horas de ayer una pequeña embarcación a una
    distancia aproximada de una milla.

    "Aparentemente estaba vacío, pero cuando nos acercamos, el panorama era
    dantesco, había siete cadáveres flotando en un cayuco lleno de agua y
    había un olor insoportable. De repente, en una esquina, vimos que una
    persona levantaba un brazo", relató con voz entrecortada, según
    reconoció, porque se siente "deshecho de los nervios".

    La tripulación decidió entonces subir al barco al superviviente, que "no
    pesaría más de 40 kilos, no podía moverse, estaba deshidratado y tenía
    alguna pérdida de consciencia" y le dieron comida caliente y lo asearon.

    Tras dar la voz de alerta, Salvamento Marítimo ordenó al 'Tiburón
    Tercero' que emprendiese rumbo para encontrarse con el buque hospital
    'Esperanza del Mar', que este mediodía recogió al superviviente y los
    siete cadáveres encontrados, que presentaban "signos de descomposición
    porque debían llevar más de cinco días muertos".

    Conversación
    El único inmigrante que sobrevivió, en francés, y el patrón del barco
    que los rescató, en inglés, lograron establecer una comunicación en la
    que le explicó que 57 personas partieron en cayuco de Nuadibú, en
    Mauritania. Durante 20 días a la deriva, "la gente fue muriendo y
    tuvieron que echarlos por la borda", aseguró, hasta el punto que sólo
    quedaron las siete personas de las cuales se halló su cuerpo y el
    superviviente, que ejercía como patrón de la embarcación.

    "Estamos orgullosos de haber salvado una vida, pero desgarrados porque
    otras 56 personas han muerto. Nos hubiera gustados no encontrarnos con
    nada de esta horrorosa historia", afirmó José María Abreu, marinero de
    46 años de edad natural de A Guarda (Pontevedra).

    Ahora, junto a sus cinco compañeros, Abreu continúa rumbo al puerto de
    Vigo, donde prevén llegar en torno al 1 o 2 de noviembre, pero asegura
    que "nunca" podrán olvidar esta "durísima" experiencia. "Uno queda
    dañado. En caliente no te das cuenta porque quieres ayudar, pero después
    no puedes dormir al recordarlo", reconoció.

    Mal trago
    Por su parte, José Benito Rodríguez Portela, responsable de Punta
    Delgada, la casa armadora del 'Tiburón Tercero', explicó que hablaron
    con la tripulación y los encontraron "fatal" por "el mal trago" que han
    pasado, aunque subrayó que a los marineros "no les queda otra que
    ayudar" cuando se presentan este tipo de casos.

    El armador expuso que el 'Tiburón Tercero' es un palangrero que pesca
    pez espada en el Atlántico Sur y que, después de cuatro meses y medio de
    campaña, había emprendido rumbo de vuelta a Galicia. El buque hospital
    'Esperanza del Mar' llegará el próximo sábado a Las Palmas con el único
    superviviente y los siete cuerpos rescatados.
    August 22

    Los amigos

                                                                                                                   LOS AMIGOS

    Así que, demostrado con el caso noruego que el precedente de Canadá hizo doctrina, y que determinados países parecen dispuestos a inventarse un nuevo Derecho Internacional para justificar sus demandas de soberanía económica en el mar, queda por ver cómo reaccionan los perjudicados, que son en primer lugar los que tienen intereses pesqueros y probablemente en segundo aquellos que disponen de flotas de transporte. Y eso sin agotar el catálogo de posibilidades, que crecerá tanto más cuanto menos hagan todos estos frente a todos aquellos.

    Algunos especialistas han dicho ya que ésta es una cuestión más entre Estados que entre organizaciones internacionales y que por eso corresponde, antes que a la UE, a España -que además es cosoberana de las aguas en litigio según lo dispuesto en el Tratado de París de 1921- la actuación fundamental frente a lo ocurrido. Y de entre esos especialistas una buena parte ha reclamado ante Noruega algo más que una protesta diplomática, aparte de la tutela jurídica de las tripulaciones de los dos barcos apresados y los derechos de sus armadores.

    La cuestión de la soberanía, conste, no es meramente teórica: de ella nace el supuesto derecho de persecución de buques por presunto exceso en las capturas. Pero hay algo aún peor: quien se la atribuye establece también y a la vez el límite de las capturas, límite que en aguas libres viene determinado por tratados internacionales, lo que no es el caso de aquel sector del mar de Barents. Dicho de otro modo, que ni por estar ni por pescar se puede detener a los buques gallegos como los ha apresado Noruega, por otra parte un país aliado y socio de España. Vaya amigos...
    Expuesto todo lo anterior, y subrayado el dato de que por una razón o por otra los barcos españoles -en buena parte gallegos- sirven de piloto para experimentos jurídicos que les perjudican, es obligado reclamar del Gobierno español mayor disposición resolutiva ante los incidentes y desde luego una mucho mejor actitud preventiva. Algo que hasta ahora no se ha producido: en Canadá, recientemente, España no envió observadores al juicio contra el Gobierno de Ottawa por la captura del Estay; se hubiera perdido el caso igual, quizá, pero algo se habría aprendido.

    En este punto es probable que no esté de más otra reflexión: parece urgente que se adopten medidas técnicas, jurídicas y políticas para reforzar la imagen de los pescadores españoles, a los que algunos quieren seguir presentando como depredadores de los océanos, sin más ley que la de la capacidad de sus bodegas ni más respeto al medio ambiente que el impuesto por la fuerza. Y es verdad que durante algunos años el perfil podía responder a eso, pero hace tiempo que no es así, y alguien debe empeñarse en que el cambio resplandezca: lo más pronto posible.
    Este asunto, como antes los de Boston, Namibia, Malvinas, Canadá o Marruecos, tiene muy mala pinta: quizá debieran, los que pueden, tomar nota de los antecedentes y actuar a tiempo
    .

                                                     Javier Sanchez de Dios


                                               


    August 15

    Tambucho

                                                              TAMBUCHO

    Hay quien imagina las vacaciones como ese horizonte idílico que se divisa desde un velero en alta mar; sin embargo, la panza del verano se parece más a un camarote donde fermentan todos los demonios con un calor
    de caldera de barco. Uno suele empezar la travesía con los mejores propósitos, impulsado por un garbino amable, pero al caer la tarde el viento se vuelve africano y cualquier embarcación acaba convertida en
    una ratonera. En cubierta apenas hay espacio y no es posible pasar por el tambucho sin rozarse o pisarse un pie. Poco a poco el ambiente se va cargando de electricidad, y no digo que uno quiera pisar deliberadamente a nadie, pero si por casualidad le da un pisotón a otro, se alegra de haberlo hecho. La cosa suele empeorar si
    además a la hora de comer se establece una calma chicha, bajo un aire de fuego, porque en esa sopa espesa la palabra más inocua puede transformarse en un hacha de guerra. Hasta las tripulaciones más avezadas llegan a puerto desarboladas y una vez en el pantalán se largan, sin despedirse, cada uno por su lado.

    Navegar agosto es dificilísimo. Cada año, después de las vacaciones estivales los juzgados se ven desbordados por una avalancha de demandas de divorcio. Los matrimonios que mal que bien habían conseguido capear
    el temporal gracias a la jornada de trabajo, naufragan estrepitosamente ante la primera paella familiar. Para colmo, las hormonas revientan con el calor y los hijos de cierta edad son abducidos hacia un irredento
    estado del espíritu llamado adolescencia mientras los padres deambulan sin remedio hacia otra estación no menos virulenta que es la desesperación.

    Nos pasamos todo el año con el cuerpo en un sitio y la mente en otro, pero cuando por fin elegimos un lugar de vacaciones para hacer coincidir la realidad con el deseo nos damos cuenta de que hay distancias imposibles de salvar.

    Los antiguos pensaban que cualquier fuga de uno mismo está condenada al fracaso. Allá ustedes si han decidido desafiar las furias de agosto. Yo, por mi parte, pienso atrincherarme a cal y canto dentro de casa, en un refugio blindado de las Galias, y de ahí no me mueve ni dios. Feliz verano.

    Susana Fortes