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    January 27

    Jaco Pastorius

               

     

       

    John Francis Pastorius III nacio el 1 de Diciembre de 1951 en Norristown, Pennsylvania. Descendiente de baterista de Jazz, mamo esta música desde enano. A los 7 años, "Jacko" (asi lo llamaban), tuvo la oportunidad de enriquecerse con una amplia gama de estilos musicales, incluyendo sonidos caribeños, percusión cubana y Rythm&Blues. Jaco era originalmente un baterista, pero empezó con el bajo eléctrico al quebrarse la muñeca a la edad de 13 años.

    Pese a ser autodidacta, Pastorius tomó un instrumento hasta entonces relativamente nuevo, el bajo eléctrico, cuyo papel hasta ese momento por lo general era de acompañamiento y permanecía en un segundo plano dentro de las bandas de música popular, y lo llevó a los primeros planos, mostrando que también podía ser un instrumento enormemente expresivo y rico tonalmente, capaz de interpretar la melodía principal o de improvisaciones espectaculares, en aquella época patrimonio exclusivo de los trompetistas, saxofonistas y pianistas. Pastorius quitó los trastes a su bajo Fender Jazz Bass modelo de 1954, transformándolo en un fretless, hasta el momento poco conocido y utilizado, cuya sonoridad y técnica son más similares a las del contrabajo, más dulce que el bajo eléctrico tradicional, y que junto con la particular posición de la mano derecha utilizada por Jaco conforman ese sonido único que es su marca de fábrica.

    Jaco subió de la oscuridad a la fama, después de unirse a "Weather Report". Jaco tuvo su primer encuentro con Joe Zawinul en las afueras del Teatro Guzmán de Miami en 1975. Afuera de la prueba de sonido, Zawinul estaba descansando en una esquina del teatro cuando fue abordado por este "flaco muchacho con el pelo largo y ropas salvajes"."El dia que lo conocí, Jaco se acerco a mi y me dijo 'Soy John Francis Pastorius III y soy el mejor bajista del mundo', y yo le dije a el 'Anda a molestar a otra persona!!!' (Get the fuck outta here!!!-textual)".

    Pero Jaco era cabezón. Le dio a Zawinul una cinta y después le escribió una carta. "El me recordaba a mi cuando joven. Yo acostumbraba decir 'Soy lo peor' cuando llegue a los "Cannonballs" dijo Zawinul. Cuando Joe escucho la cinta, quedo absolutamente sorprendido. Sin embargo, Weather Report ya tenía un gran bajista. Jaco se sintió desplazado, pero siguió en contacto con Joe Zawinul por los siguientes meses.

    La gran oportunidad de Jaco vino en 1976 cuando el bajista de los Weather Report, Alphonso Johnson, Anuncio que se retiraba de la banda para formar un proyecto nuevo. En ese momento, Weather Report tenía a medio concluir su álbum "Black Market" y necesitaba de un bajista para finalizarlo. Joe Zawinul recordó a Jaco. Zawinul después diría, "Me acorde de este chico Pastorius, ya que me había enviado un álbum solo, y estaba realmente asombrado de este disco, especialmente de la canción 'Continuum'. Asi que llame a Jaco, y le dije ' Oye chico,¿ tu también tocas bajo eléctrico ?'"

                            ____________________________WATHER REPORT

     Jaco fue arrestado una vez durante el tour de 1982 por recorrer Tokyo desnudo en una motocicleta. En 1983, durante un tour con la séptima versión de la banda Word of Mouth, Jaco salto de 8 metros desde un balcón en Rimini, Italia, resultando con la muñeca izquierda quebrada y tres costillas fracturadas. En el Festival de Jazz Playboy de 1982 el fue removido del escenario por causar conmoción destruyendo el equipamiento. El verano de 1986 fue una completa pesadilla que culmino, gracias a los esfuerzos de sus hermanos, con Jaco internado en la Clínica Siquiátrica del Hospital Bellevue en Nueva York. El permaneció allí por 6 semanas. Para el Verano de 1987, el estaba fuera de control. Diagnosticado como maniaco-depresivo, sus acciones eran totalmente inesperadas. El alcohol solo agravaba su condición. Numerosas historias se contaban acerca de las acciones de Jaco rompiendo cosas, insultando a la gente, partiendo peleas y siendo escoltado fuera de clubs por policías. Fue muchas veces encontrado en las calles de Nueva York borracho, sin casa y en malas condiciones.

    El fin vino bruscamente en la madrugada del 12 de septiembre de 1987. Después de haber sido expulsado de un concierto de Santana por tratar de subirse al escenario, Jaco apareció en el Midnight Bottle Club, un club de mala muerte en Wilton Manor, un peligroso suburbio de Fort Lauderdale. El había sido expulsado, ya que este club era para solo miembros. Cuando a Jaco le fue prohibida la entrada, el aparentemente trato de botar la puerta de adelante. Luc Havan, el gerente del club, salio para ver que estaba pasando. Gracias a terribles llaves de karate, mas tarde el que alguna vez fuera el más grande bajista del planeta, yacía en el piso rodeado de un charco de sangre, con el cráneo fracturado, un ojo reventado, y casi todos los huesos de la cara quebrados. Jaco llego en estado de coma al Centro Medico General Broward. Si el lograba salir de ese estado quedaría paralizado de un lado para siempre. Entonces su estado cambio de Muy grave a menos grave. Pero inesperadamente, en la noche del 19 de septiembre, una vena reventó en el cerebro de Jaco. Para el domingo tenia cero actividad cerebral. El lunes, Jaco fue retirado del Respirador Artificial. Tenía 35 años.

    November 19

    Pantocazo

    No os perdáis el peazo pantocazo de este Tangonero...

      

    No es que sea asi.... ¡ Es peor !

     

    August 22

    Los amigos

                                                                                                                   LOS AMIGOS

    Así que, demostrado con el caso noruego que el precedente de Canadá hizo doctrina, y que determinados países parecen dispuestos a inventarse un nuevo Derecho Internacional para justificar sus demandas de soberanía económica en el mar, queda por ver cómo reaccionan los perjudicados, que son en primer lugar los que tienen intereses pesqueros y probablemente en segundo aquellos que disponen de flotas de transporte. Y eso sin agotar el catálogo de posibilidades, que crecerá tanto más cuanto menos hagan todos estos frente a todos aquellos.

    Algunos especialistas han dicho ya que ésta es una cuestión más entre Estados que entre organizaciones internacionales y que por eso corresponde, antes que a la UE, a España -que además es cosoberana de las aguas en litigio según lo dispuesto en el Tratado de París de 1921- la actuación fundamental frente a lo ocurrido. Y de entre esos especialistas una buena parte ha reclamado ante Noruega algo más que una protesta diplomática, aparte de la tutela jurídica de las tripulaciones de los dos barcos apresados y los derechos de sus armadores.

    La cuestión de la soberanía, conste, no es meramente teórica: de ella nace el supuesto derecho de persecución de buques por presunto exceso en las capturas. Pero hay algo aún peor: quien se la atribuye establece también y a la vez el límite de las capturas, límite que en aguas libres viene determinado por tratados internacionales, lo que no es el caso de aquel sector del mar de Barents. Dicho de otro modo, que ni por estar ni por pescar se puede detener a los buques gallegos como los ha apresado Noruega, por otra parte un país aliado y socio de España. Vaya amigos...
    Expuesto todo lo anterior, y subrayado el dato de que por una razón o por otra los barcos españoles -en buena parte gallegos- sirven de piloto para experimentos jurídicos que les perjudican, es obligado reclamar del Gobierno español mayor disposición resolutiva ante los incidentes y desde luego una mucho mejor actitud preventiva. Algo que hasta ahora no se ha producido: en Canadá, recientemente, España no envió observadores al juicio contra el Gobierno de Ottawa por la captura del Estay; se hubiera perdido el caso igual, quizá, pero algo se habría aprendido.

    En este punto es probable que no esté de más otra reflexión: parece urgente que se adopten medidas técnicas, jurídicas y políticas para reforzar la imagen de los pescadores españoles, a los que algunos quieren seguir presentando como depredadores de los océanos, sin más ley que la de la capacidad de sus bodegas ni más respeto al medio ambiente que el impuesto por la fuerza. Y es verdad que durante algunos años el perfil podía responder a eso, pero hace tiempo que no es así, y alguien debe empeñarse en que el cambio resplandezca: lo más pronto posible.
    Este asunto, como antes los de Boston, Namibia, Malvinas, Canadá o Marruecos, tiene muy mala pinta: quizá debieran, los que pueden, tomar nota de los antecedentes y actuar a tiempo
    .

                                                     Javier Sanchez de Dios


                                               


    August 15

    Tambucho

                                                              TAMBUCHO

    Hay quien imagina las vacaciones como ese horizonte idílico que se divisa desde un velero en alta mar; sin embargo, la panza del verano se parece más a un camarote donde fermentan todos los demonios con un calor
    de caldera de barco. Uno suele empezar la travesía con los mejores propósitos, impulsado por un garbino amable, pero al caer la tarde el viento se vuelve africano y cualquier embarcación acaba convertida en
    una ratonera. En cubierta apenas hay espacio y no es posible pasar por el tambucho sin rozarse o pisarse un pie. Poco a poco el ambiente se va cargando de electricidad, y no digo que uno quiera pisar deliberadamente a nadie, pero si por casualidad le da un pisotón a otro, se alegra de haberlo hecho. La cosa suele empeorar si
    además a la hora de comer se establece una calma chicha, bajo un aire de fuego, porque en esa sopa espesa la palabra más inocua puede transformarse en un hacha de guerra. Hasta las tripulaciones más avezadas llegan a puerto desarboladas y una vez en el pantalán se largan, sin despedirse, cada uno por su lado.

    Navegar agosto es dificilísimo. Cada año, después de las vacaciones estivales los juzgados se ven desbordados por una avalancha de demandas de divorcio. Los matrimonios que mal que bien habían conseguido capear
    el temporal gracias a la jornada de trabajo, naufragan estrepitosamente ante la primera paella familiar. Para colmo, las hormonas revientan con el calor y los hijos de cierta edad son abducidos hacia un irredento
    estado del espíritu llamado adolescencia mientras los padres deambulan sin remedio hacia otra estación no menos virulenta que es la desesperación.

    Nos pasamos todo el año con el cuerpo en un sitio y la mente en otro, pero cuando por fin elegimos un lugar de vacaciones para hacer coincidir la realidad con el deseo nos damos cuenta de que hay distancias imposibles de salvar.

    Los antiguos pensaban que cualquier fuga de uno mismo está condenada al fracaso. Allá ustedes si han decidido desafiar las furias de agosto. Yo, por mi parte, pienso atrincherarme a cal y canto dentro de casa, en un refugio blindado de las Galias, y de ahí no me mueve ni dios. Feliz verano.

    Susana Fortes



    August 07

    Flores cerradas

     

      

                                                                                    FLORES CERRADAS

         Es difícil encontrar en el supermercado una fruta que conserve el olor y el sabor que tenía hace treinta años cualquier ejemplar de la
    misma especie.
         Las personas de mi generación tenemos la suerte de recordar los sabores naturales de muchas cosas de las que, por desgracia, nuestros hijos sólo podrán percibir su literatura, y nuestros nietos, su arqueología. Se ha abierto entre nuestra generación y la siguiente un abismo sensorial casi insalvable. Nosotros pudimos paladear los mismos sabores que disfrutaron nuestros padres, pero aquellos sabores nuestros hijos sólo podrán leerlos, en la seguridad de que en la siguiente rama del árbol genealógico sólo se conservará relativamente intacto el olor del fuego en el que ardieron las fotos. Y no ocurre sólo con la fruta.
    Se esfumaron los olores de la leche y de los tomates, el olor de la salmuera y el penetrante aroma de aquellas flores en las que sentían el hormiguillo de la primavera los poetas que ahora la rastrean con dificultad en el inodoro erial de la memoria.

    Olía también distinto la suciedad y era diferente la fragancia de la limpieza.Lavada a mano y echada luego al clareo en la hierba verde, la ropa que nos poníamos por la mañana olía a jabón y a sol. Cuando era niño mi madre me lavaba la cara y sus manos enjabonadas hacían piafar la voz del rostro. No eran buenos tiempos para el glamour de la clase media, pero juraría que en aquellos días no había una sola mancha que no estuviese limpia, ni un defecto que no se corrigiese con las sobras de la luz frente a un espejo empañado. ¡Dios Santo¡, entonces ignorábamos que no éramos felices y todo resultaba tan cordial, tan familiar y tan natural, que a los nueve años incluso la muerte nos parecía dócil. Todo era tan fértil, muchacho, que podías encontrar una fresa dentro de una nuez y una paloma volando en puntillas por el interior de un cuervo. En verano recibía en Cambados carta de mi madre y después de leerla, cerraba los ojos y olía durante un rato la inenarrable frutería de aquella caligrafía por cuyos rasgos suavemente herniados corría casi siempre una reata de besos, y a veces, la hembra diezmada y lenta de la nostalgia.
    Tía Pepita freía para la cena unos huevos muy olorosos y muy amarillos, echándolos en la sartén puesta sobre un pelirrojo fuego de
    leña en el que a mí siempre me pareció que ardía el caballete de uno de aquellos pintores forasteros que se detenían en Compostela a reproducir en su lienzo los perfumes de aquella catedral fanerógama en cuya silueta destellaba una alta costura de flores amarillas y azuladas en las que pasaba sus hojas la sombra de aquel viento labial y extranjero. ¡Ah, los olores de entonces! ¡Aquellas sensaciones que creímos que serían para siempre! ¡El aroma del aire al rozar el aliento panificado de las bombillas encendidas! ¡Dios, y el guiso ambarino del almuerzo repitiendo durante el duelo en la boca gutural de los muertos! Es cierto que los curas nos decían que aquella concupiscente orgía de olores excitaba los bajos instintos, pero no es menos cierto que nuestro temor era relativo y que nos sobreponíamos sin dificultad a la puntual amenaza del infierno.
    Tuvimos la suerte de pecar en gallego y de que la misa y el miedo estuviesen en latín. La Providencia se anunciaba amenazadora en la
    novena de San Bieito por el narcotizante olor de los cirios encendidos, pero en el fondo yo sabía que no había nada que temer, entre otras razones, porque tía Pepita, que era una comadrona muy religiosa, me había dicho que lo preocupante del sexo era que a veces las parejas acostaban el maíz. La verdad es que tía Pepita no sabía mucho acerca del sexo. La primera vez que volví a casa con una erección, me riñó para que no volviese a pedalear en la bicicleta llevando la merienda en el bolsillo...

    ¡Dios Santo!, ahora la primavera es tan fugaz, que hay que oler las flores antes de que se mueren cerradas...



    J.L Alvite

    July 30

    El Afgano

                                                                                            EL AFGANO

    Creo haber relatado en más de una ocasión mi inveterada aficion por los best-sellers, esos libros de los que dicen huir aquellos que consideran que leer, además de un placer íntimo, es un ejercicio de distinción mediante el cual significarse y diferenciarse de los demás.
    Hay lectores que no solo se esfuerzan por encontrar perlas en ediciones solitarias y escondidas, sino que intentan, por lo menos, que sean de tirada no superior a los quince mil ejemplares: entonces, el placer es redondo y la superioridad con la que te miran si dices que te has distraído mucho con El Codigo Da Vinci alcanza cotas de autentico vértigo. He comprobado lo divertido que resulta provocarlos cuando están en foros propicios a su especie: si dos elementos de espesura cultural
    demostrable están discutiendo acerca del compromiso de la poesía estructural de Fulanito, acostumbro a sacar a colación una provocacion que no falla y que no es otra que decirles lo bien que me lo pase con la novela de Vizcaíno Casas dedicada al puterío selecto de tiempos del franquismo. Niñas al salón se llamaba, no os la perdáis, concluyo. No sabes si es que creen haberte oído eructar o si el gesto que hacen de girar medio cuerpo hacia otro lado es para evitar contagiarte de algo.
    Tú puedes quedar como un palurdo retrogrado, pero te ríes muchísimo con la cara que se les queda a ellos, esos estupendos seres que desprecian, por ejemplo, a Pérez- Reverte, por el simple hecho de vender trescientos mil ejemplares de cada libro.
    Un autor de mi preferencia y que este tipo de lectores desprecia hastalímites insospechados, por el que tengo in disimulada veneración, es Frederick Forsyth, creador de relatos de acción excelentemente armados y de éxito incontestable.
    Su reciente novela, El afgano, es un prodigio mas de como la escritura esta al servicio del lector sin el necesario prurito de hacer literatura -cosa que si le pasa al en otro tiempo excelente Le Carre- y sin mas justificación que la de hacer negocio con el disfrute de los demás.
    Y, encima, reconocerlo, como hace Forsyth. La fabula del británico es tan magnifica como lo fue El veterano o El puño de Dios y cumple con una de las características de sus novelas: la acomodación de la trama a la actualidad mundial. Al Qaeda, Bin Laden, el MI5, la CIA y otras hierbas conforman un argumento que sirve, entre otras cosas, no solo para entretenerse, sino para entender perfectamente la historia de los hervideros afgano y pakistaní, que no es poco.
    Ni que decir tiene que el bueno, por supuesto, es la hostia de bueno y los malos son malos de cagarse -que es lo que pedimos los lectores limitados por prejuicios intelectuales y simplismo existencial-, con lo que, de momento, te posicionas ante la narración como lo hacíamos de pequeños ante las películas de vaqueros o de romanos: como parte interesada y sufridora. El ritmo, la tensión, el conocimiento de los terrenos que exhibe el puñetero hacen que uno no se despegue de las paginas ni siquiera para contestar al camarero que nos pregunta lo de la leche fría o caliente. No es el libro que nos elevara el espíritu, que nos hará mejores, que nos magullara el cojín de las emociones, pero, al igual que otros volúmenes nacidos con vocación entretenedora, si es el libro que nos hará despreocuparnos de otros menesteres.
    Y alármese: la hipótesis de trabajo con la que Forsyth construye la historia (Forsyth es verosímil, no un maestro de la ciencia ficción) es la de un próximo atentado de Al Qaeda; en esta ocasión no serian los aviones los medios de ataque, sino que aquello que utilizarían los suicidas y fanáticos islamistas seria un barco, un gran petrolero que atracar y explotar en un puerto cualquiera de Occidente o en un estrecho estratégico que bloquear para estrangular la economía mundial.
    Pero no es exactamente así como lo desarrolla este tío. No les cuento mas, sorpréndanse ustedes mismos.

    Y luego díganselo a su amigo cultísimo...



    Carlos Herrera

    July 25

    Con luz de leña


                                                                     CON LUZ DE LEÑA


    Hay lugares cerrados que conservan en el tono de su luz la penumbra adecuada para no abrirle demasiado los ojos a los sueños. Otros sitios tienen a su favor esa tentadora música suave que envuelve la felicidad en un halo de creativa y agradable tristeza.
    Conozco restaurantes bien situados cerca del mar que carecen en cambio de la luz adecuada o de la música que personalmente habría
    deseado para ese instante en el que se cierne sobre la mesa, como un presentimiento, el mágico olor de una cena sincera en la que se estanque luego la sobremesa en el ralentí de la conversión, entre el humo emérito y tardío de los cigarrillos. Que todo eso se dé a la vez en un mismo lugar sólo recuerdo que me haya ocurrido en la noche del domingo, nada más poner los pies en "O Loxe Mareiro", el "bar-colmado" que funciona desde hace tres años en Carril-Vilagarcía de Arousa.
    En la restauración de la vieja casa marinera, el pintor Nacho Salorio empleó un sutil toque de simple dignidad, evitando caer en la
    fácil tentación del costumbrismo o en la estúpida vanidad de lo snob.
    Encintó las piedras y empleó en el techo como vigas los rudos travesaños de una batea. Añadió luego al ambiente una rapsodia de
    cuadros y el toque inimitable de una discografía en cuya sonoridad Dios sólo se atrevería a pisar descalzo, y remató su creación propagando por el espacio una serena y reacia luz desigual, casi intestina, calculada para los dulces y atónitos ojos glaucos de un escéptico soñador insomne. Sobre una mesa arde en un velón la blanda pápula gótica de una aguada llama amarilla, y entre la vajilla de la mesa más grande, languidece como en cuclillas una lámpara en cuya tulipa arde una suave pompa de luz que a mí me pareció que tuviese la pasión justa para refrescarle el pólipo de grafito al perplejo paladar de la bombilla. Por una ventana abierta a la izquierda de la barra se ve, como en una pintura firmada con luz de gas, una penumbra de mar y nubes bajas en la que destella en rojo, como una ensimismada pincelada sin tema, el faro del puerto.
    Sonaba "You make me feel so young" en la voz melancólica de Chet Baker, subrayada a ratos por esa manera tan suya de tocar la trompeta como si en el nostálgico glisando de la melodía se esfumase el último tren en el que atrasa la esperanza antes de que el devastador transcurso del tiempo se coma inexorablemente la memoria, el paisaje y los raíles.
    Entones le dije a Nacho Salorio: "Amigo mío, esta luz y la trompeta de Chet Baker hacen que tenga la sensación de estar viviendo uno de esos inefables instantes de agradable congoja en los que tan hermoso resulta entristecerse sin que la razón tenga motivos". Salí luego a la terracita tras los pasos de Emilia. Se cerraba como "al dente" la noche sobre los contados residuos de la plomiza luz del día y quedaban apenas a flote el deshuesado nido del fósforo, la lenta retreta de nuestros corazones y el suave chaston de la bajamar.
    Refrescaba. Emilia se recogió en el perlé de sus propios brazos y me dijo: hay momentos del atardecer en los que mirando hacia Poniente, se presiente la luz de Vietnam; otras veces intuyo la hermosa amargura de la decadente luz de Venecia; y casi siempre, esta luz, ¿sabes?, la luz precaria que se esfuma, hace que disfrute este momento como si lo estuviese recordando". Era julio, había nubes bajas y estaba anocheciendo en otro idioma sobre el Mar de Arousa. Casi a nuestros pies, la marea pronunciaba sin lengua una ortografía de arena con escollos.
    "Tienes razón, Emilia, amiga mía. Fíjate en las luces que puntean la costa. ¡Dios Santo!, ese reflejo en el agua pasmada...ese reflejo,
    querida Emilia, ese reflejo resulta antiguo, eterno y entrañable como si se tuviesen destiñendo en el mar las llamas frías de un fardo de calmosa luz de leña"...
    Al regresar a la barra y recuperar la conversación con Nacho Salorio, no recuerdo si se lo dije, pero sé que lo pensé: "¿Sabes,
    amigo?, creo haber descubierto aquí la extraña y lacónica felicidad que sólo excepcionalmente producen las cosas que fomentan la tristeza, e incluso aquellas otras que, lisa y llanamente, facilitan la muerte".
    Recuerdo que también temí por la amarga e inevitable brevedad del momento. Y pensé decirle: "¿Joder!, Nacho, amigo mío, algo tan
    melancólico y tan hermoso, nos está ocurriendo hoy, pero de lo que nos haya ocurrido hoy, maldita sea, ¿cuántos años habrán pasado mañana?"...



    J.L.Alvite

    May 01

    ARTICULO

    Esta mañana junto con un correo recibí este articulo. Me pareció tan interesante
    el tema que toca la señora Posadas que no me pude resistir a colgarlo.
    Espero vuestros comentarios, después yo haré el mío...
    Fredo

    Mi hermano Gervasio, que está a punto de publicar su primera novela
    (divertidísima, por cierto), me hizo ver el otro día algo en lo que yo nunca
    había reparado. Las revistas femeninas están llenas de consejos,
    advertencias y estrategias sobre cómo mejorar nuestras relaciones con los
    hombres. Las masculinas, en cambio, hablan de cómo mejorar los bíceps…
    También de cuál es el mejor restaurante del momento, qué loción evita la
    caída del pelo y cómo vestir sexy; pero de temas sentimentales, ni una
    línea. Para hacerme la interesante podría citar ahora al inefable Byron,
    pero prefiero tomar el camino de la Antropología: según esta ciencia, lo que
    sucede es que a las mujeres nos gusta hablar de nuestros sentimientos y a
    los hombres les horroriza. Dice la doctora Louann Brizendine, cuyo libro El
    cerebro femenino está batiendo récords, que todo viene de que nosotras
    hablamos tres veces más que los hombres. De hecho, utilizamos 20.000
    palabras por día y los hombres, apenas 7.000. Hasta aquí todos los expertos
    están de acuerdo, pero después surgen las diferencias, porque mientras
    Brizendine asegura que hablar es «casi tan placentero como el sexo», otra
    famosa especialista, Alexandra Jacobs, opina que con dar la lata a nuestro
    hombre con eso de que hay que ‘hablar’ los problemas lo único que
    conseguimos es debilitar los lazos que nos unen. Su libro se llama, muy
    adecuadamente, La solución es no-hablar. Hablar o no hablar, ésa es la
    cuestión, pero mientras decidimos a qué bando apuntarnos, he aquí otro punto
    en el que están de acuerdo las dos autoras. Las mujeres deberíamos
    entrenarnos en comprender que los silencios masculinos en ningún caso son
    señal de rechazo o repudio. «No es que no nos quieran –aclara Brizendine–,
    simplemente están siendo muy varoniles.» Otra cosa que sorprende mucho a las
    mujeres y que también hay que recordar siempre, según estas sabias
    estudiosas, es que la cabeza masculina funciona de manera diferente de la
    nuestra. Por ejemplo, cuando observamos a un hombre sentado con la mirada
    perdida en el infinito y, preocupadas, le preguntamos en qué está pensando,
    la contestación más habitual es «en nada». «No es posible –pensamos
    inmediatamente nosotras–, nos está mintiendo, ¿qué le pasará? ¿Estará
    enfermo?, ¿preocupado?, ¿deprimido?» Y la respuesta a tan terribles
    incertidumbres, queridas mías, es «no». Ese hombre no está pensando en nada,
    algo inaudito para nosotras, que siempre estamos dale que dale al cerebro,
    pero es así. Este tipo de diferencias es el que hace que unos y otras no nos
    entendamos. Personalmente, como soy de pocas palabras, no me importa que los
    hombres que tengo cerca lo sean también, pero me resulta incomprensible, en
    cambio, eso de que piensen «en nada» o que rehúyan hablar de los problemas
    cuando los hay. Sin embargo, para ese escapismo sentimental, también tiene
    explicación la doctora Brizendine: la testosterona, según ella, reduce la
    parte del cerebro que se ocupa de registrar las palabras emocionales. En
    otras palabras: el hombre no registra esas 13.000 palabras que nos separan.
    Uf, qué alivio, pienso yo, así que no se está haciendo el sordo, es sordo.

    Como ven, el tema resulta apasionante y da para mucha discusión. ¿Pueden
    modificarse su forma de ser o la nuestra? ¿Será la educación lo que hace que
    los hombres no escuchen y que las mujeres hablen de más? Las feministas han
    intentado varias veces lograr que los niños más pequeños jueguen a las
    muñecas o a las cocinitas para que se críen más sensibles, más atentos. Pero
    sus experimentos han acabado siempre en eso, en experimentos (cuando no con
    la cabeza de la muñeca convertida en pelota de fútbol y la cacerola, en
    tambor). La actual peste de lo políticamente correcto nos hace creer que
    todo lo que no nos gusta o no comprendemos del otro puede ser modificado.
    Pero yo pienso que es más práctico saber que sentimos diferente y comprender
    que lo que ellos hacen o dejan de hacer se debe, sencillamente, a que, como
    dice la canción, Men are different… Y nosotras, también.

    ....gracias por echarnos un cabito Doña Carmen.