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14 avril

La trucha y el trovador

Esta vez su relato mi querido maese Manolo me transporto a aquellos
felices días de mi infancia, que junto con mi tío Antonio (alias “el
Manco”), pescaba mis primeras truchas en esos pequeños y mágicos ríos
que describe.
Haciéndome volver a esos viejos molinos de piedra cubiertos de hiedra y
musgo. A esos paisajes de fantasía donde el grillo hablaba con la señora
trucha y ella con el pescador.
A conseguido vuesa merced doblegar mi corazón maese Manolo, haciéndome
recordar aquel pequeño, de pelo negro encaracolado con el puente de la
nariz lleno de pecas, atendiendo como si la vida se le fuera en ello,
las explicaciones de su viejo y sabio tío... -No dejes que vea tu sombra
Frediño-...-Coge la caña con suavidad, pero con firmeza hijo-... -Coloca
el grillo de manera que pueda bailarle a la señora trucha.-
Un niño que con la boca abierta de par en par, contemplaba atónito la
habilidad de su tío. El cual con una sola mano y ayudado por su boca
encebaba con suma delicadeza y precisión, colocando el grillo en el
punto justo del lecho del rió...Hablándole a la señora trucha,
animándola a que comiera mientras su celtas corto colgaba impertérrito
de la comisura de sus labios.
Gracias a vuesa merced volvieron a mí, esas imágenes ya olvidadas.
Soy incapaz de resistirme a no colgar vuestro hermoso relato maese
Manolo. Asi que ahí va, para deleite de todos los amigos de este blog...

Capitán Tormentas

LA TRUCHA Y EL TROVADOR

-Hola soy una trucha. Os preguntareis que hace una trucha hablando, no
tiene mucho sentido, pero es que mi vida no se ajusta a la realidad, por
eso quiero que me deis la oportunidad de contárosla.
Nací en un río pequeño, muy pequeño, no tiene más de dos kilómetros de
recorrido desde que nace hasta que muere. Mi vida, es igual a la de
otras truchas, con la única
diferencia que yo llevo viva muchos años, y mi tamaño supera al de mis
hermanas.
De hecho soy famosa, se me considera una leyenda...los pescadores llevan
años tratando de pescarme. Primero fue la suerte, luego mi experiencia
para conocer cuando se trata de cebo humano o verdadero insecto. Con los
años los artes de pesca de los hombres han evolucionado mucho, pero yo
no me dejo ver, me quedo en mi casa, allí tengo comida y un lugar seguro
de descanso.
Mi casa es una poza situada debajo de un molino en ruinas, la maleza lo
tapa totalmente, parece que el agua no llega a donde se encuentra, pero
no es asi, el agua sigue llegando a través del antiguo canal de
conducción. Por ahí accedo yo a ella...Un agujero oscuro en el que viven
arañas de distintos tipos, cazando los múltiples insectos que llegan al
agujero. A mi tampoco me falta comida, lo único duro fue acostumbrarse a
la oscuridad y esquivar los hierros oxidados de las antiguas aspas del
molino. En todos estos años he
visto muchas cosas, en los días de invierno, en los que el río se
desborda, aprovecho para salir y nadar en terrenos ocupados por humanos,
allí observo mi río desde fuera. Otras veces nado río arriba hasta donde
la corriente me lo pone difícil, y cuando ya no puedo mas, me dejo
llevar por ella deslizándome río abajo, casi hasta la desembocadura.
Allí me encuentro con un montón de familiares (robalizas, múgeles,
sollas) que me cuentan las ultimas noticias de lo que ocurre por fuera,
últimamente son malas noticias.
Me acuerdo cuando venían los salmones río arriba, con ese aire
cosmopolita, (un poco arrogantes, diría yo) y me hablaban de los mares y
océanos, de las criaturas que lo habitaban y de los artilugios que el
hombre había construido y yo los seguía río arriba mientras los
escuchaba. Se reían de mi fatiga y mi dificultad para ascender por el
río, pero luego agradecían mi ayuda en su camino de regreso al mar.
Ahora hace años que no los veo y los echo de menos.
Me gusta escuchar a los humanos hablar de mí. Los observo escondida
mientras ellos en la orilla comentan a sus hijos o a uno de fuera
que..."aunque no lo parezca en este río hay mucha pesca", o..."la ultima
vez que la vi media un metro". Los humanos siempre son un poco
fanfarrones y exagerados en sus comentarios. Solo hubo una vez uno que
consiguió emocionarme (hubiese llorado si pudiera). Llevaba un
instrumento en sus manos, se sentó en una roca cerca del molino -en
aquel entonces todavía funcionaba- y se puso a cantar. Yo he oído muchas
veces a los pájaros: desde el canto afónico del
cuervo y la gaviota, al maravilloso y relajante canto del ruiseñor o del
cuco. Pero jamás escuche una música como aquella, era una música llena
de amor, melancolía, tristeza. ! Un humano desnudando su alma al río!,
si el supiera cuantos le escuchamos es posible que no hubiese
cantado...pero canto, y todavía recuerdo la música y la letra...decía
asi:

El agua corre por tu cauce
salta y juega entre las rocas
decirme si en vuestro camino
habéis visto a mi amada
En tu cauce se refleja mi rostro
y en mi rostro el cauce de mis lagrimas
¿Rió has visto a mi amada?
se que tu camino es el mar
como mi camino, la muerte
dime si as visto a mi amada
Oigo el ruido del agua
de los cantos rodados en tu lecho
ellos. ¿No habrán visto a mi amada?
los árboles se inclinan a tu paso
en una bóveda de luces y sombras
¿Guardaran en secreto
noticias de mi amada?
ella es el agua, que me da de beber
es el aire que respiro
es la roca de mi amor eterno
y ahora solo...solo sin ti, con el río.

Canto durante horas y luego se durmió. La noche le hizo una cama de
estrellas, los grillos, la lechuza y el río acunaron con una nana su
dolor. Se despertó al alba, se desnudo, y se metió en el río. Sumergió
la cabeza y se quedo escuchando...el tiempo se detuvo. Solo cuando el
frió le hizo sentir dolor, salio del agua, parecía otro hombre.
Lavo sus ropas, las dejo secar y fue hasta el molino a ver si le daban
de comer.
Marcho cruzando el puente, su silueta se fue alejando y haciéndose más
pequeña hasta desaparecer en el horizonte.
La historia del trovador la supimos gracias al molinero. Oímos como se
la contaba a su mujer...había cantado y entretenido a toda la nobleza de
la zona, y un dia...en la fiesta de cumpleaños del marques de Noia,
nuestro trovador se enamoro perdidamente de su hija...y ella de el.
El padre para alejarla del trovador la había mandado a Santiago, y ahora
nuestro trovador arrastraba su pena por los caminos, y aunque lo
siguieran contratando para animar, sus melodías y canciones eran tan
tristes, que conseguía todo lo contrario...un río de llanto. Asi empezó
su peregrinaje por todas las aldeas, alimentándose de la generosidad de
los vecinos, que a pesar de la tristeza de sus canciones, les gustaba
escucharlo pues hablaba de sentimientos nobles y sinceros.
El trovador no tardo en conocer a otra chica que ocupo su corazón y sus
canciones se volvieron alegres...viviendo felices durante su larga vida.
Por mi parte, espero que si un dia visitáis mi río, pueda contaros otras
historias que mi cabeza de trucha recuerde.

Maese Manolo
3 avril

El espiritu de Castro Barona

Permítame la licencia mi querido e ilustrado amigo maese Manolo, al osar colgar este
pequeño relato suyo en mi humilde Cuaderno de Bitácora. Pero es que creo injusto que
solamente un pequeño y privilegiado grupo de amigos podamos deleitarnos con sus
imaginativos y hermosos relatos.
Asi que...A ver si de esta manera, le animamos entre todos a abrir su pequeño
asentamiento celta en medio de esta galaxia cibernética, donde podamos refugiarnos
de vez en cuando, a calentarnos en el ancestral fuego de su imaginación y
palabra.......y de una puñetera vez! ¡Por las barbas de Breogan!...

EL ESPIRITU DE CASTRO BAROÑA

La ola viene y estalla contra las rocas, sementando de yodo y sal toda la
vida del acantilado. Aire de yodo y sal, roca de espuma donde yo vivo. Aqui soy uno
mas, soy alga verde, marrón, roja, lisa, rizada. Soy crustáceo, cangrejo, necora
centolla. Soy percebe y lapa, pulpo y pescado. Mi pelo es rubio como la
arena, mi cuerpo es duro como la roca, y mis ojos son azules como la mar.
Vengo a pescar todas las mañanas. Cuando la ola viene permanezco inmóvil, pero
atento cuando se va, la persigo acantilado abajo como cangrejo corriendo
entre las rocas y llego a los limites de la mar. Mar que entonces se levanta
encima mia como un muro gigante y yo debajo meto mi vara entre las
grietas, las conozco todas (las pequeñas ricas en percebes, y las grandes
ocultas bajo mantos de algas que esconden suculentos pulpos).
Tengo cinco segundos eternos antes de que el mar se desploma detrás mia, y yo en
tres
saltos ponerme a salvo. Esta es mi vida desde hace mil cuatrocientos años.
Volvía yo una mañana de pescar, cuando me encontré mi aldea asaltada por una
tribu enemiga. Ya habían superado las tres líneas de muralla y ya se
encontraban entre las casas, solo unos cuantos resistían en el flanco sur
tratando de deshacerse de ellos para defender a nuestras mujeres e hijos...pero
acorralados entre las dos murallas morían luchando. Mientras yo, soltando mi
pesca...corría, corría. creedme que corría como alma que persiguiera el diablo
o como si se me abalanzara la ola más grande del mundo.
Llegue a mi casa abriéndome camino entre cadáveres de unos y otros. En ese momento
la estaban quemando, y vi a mi mujer y a mis cuatro niños abrazados...pero sin vida.
La ira no me dejaba respirar, conseguí acabar con una docena de ellos antes de que
una lanza me alcanzara un hombro, perdí el equilibrio y me despeñe por el
acantilado, mientras me juraba a mi mismo que nunca abandonaría mi aldea, y... asi
lo hice...
En espíritu...pero sigo aquí, en mi casa, que esta situada según subes por la
escalera principal...la primera calle a la derecha llegando al final y alli a la
izquierda. Allí la veras (o lo que queda de ella). En una aldea preciosa que asi
como bajas del monte, ya la ves pegada al acantilado, formando una especie de
montículo rodeado de agua por todas partes, menos por una estrecha franja de arena.
Alli esta situada la primera muralla, pues para proteger el poblado hay dos murallas
que lo rodean totalmente hasta el acantilado.
Desde mi poblado hay unas vistas preciosas de la montaña y los campos que cultivamos
en tiempos de paz. Ahora cuando alguien viene a visitar mi aldea y piensa como
vivíamos. Yo me materializo en el pescador que siempre fui, y la gente se asombra y
admira mis habilidades, murmurando entre ellos..."parece un celta"...parece, parece,
por favor señores...¡Soy un celta! (o lo que sea)...el ultimo habitante de un lugar
maravilloso y mágico